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La Astrología

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Ciencia, Arte y Magia en el Siglo XXI.
Cuando alguien dice en pleno siglo XXI que se dedica al estudio de la Astrología, o peor aún, que es Astrólogo, enseguida despierta un sinnúmero de reacciones entre la gente. Por lo general, lo primero que aflora es una sonrisa. Una sonrisa que puede significar tanto escepticismo, simpatía o sorpresa.
Alejandro Fau | La Astrología
Una sonrisa que dice: "¡Guay, qué bueno! ", o "...disculpa ¿cómo has dicho? ", o "¡Dios mío! ¡Otro chiflado! "... e inmediatamente después comienza el bombardeo: " ¡Oye! A ver... adivina de qué signo soy? "; "Tú tiras las cartas ¿cierto?"; "¡Ey! ¿¡Y dónde has dejado la lechuza!?"; "¿Los de Cáncer se llevan bien con los de Virgo?"... y así sigue, lo he oído cuando menos un millón de veces en todos estos años que llevo dedicado a esto. Y cada vez que sucede llego a la misma conclusión: que la gente, en general, tiene una idea equivocada sobre la Astrología y no sabe en verdad de qué va la cosa... y de que tampoco es su culpa. Lo cierto es que en plena era de la información y las altas tecnologías, la difusión del conocimiento deja mucho que desear y es bastante pobre aún. Su acceso está en manos de especialistas que hablan en una jerga incomprensible llena de palabras "raras", artificiosamente complicadas, y muy poco, si hemos de ser sinceros, es lo que se cuela al público de un modo simple y claro para que éste pueda aprovechar en algo esa información más allá de alguna cosa que obedezca a las necesidades del mercado... y sucede en todas las áreas. En fin, ustedes dirán, por ejemplo: ¿pero de qué me sirve a mí saber cuánto pesa un electrón, o cuál es la longitud de onda de las radiaciones electromagnéticas, si lo único que quiero es meter la pizza congelada en el micro-ondas para comerla en la cena?. Bueno, quizá si lo supieran se tomarían una sopa y tirarían el cacharro por la ventana, o utilizando el mismo principio con el que funciona el aparato quizá descubran el cómo se puede viajar en el tiempo ¡Quién sabe! Todo depende de cada uno y lo que cada uno haga con ese conocimiento. Lo importante sí, querido lector/a, es que tanto tú como cualquiera pueda tener acceso a ese conocimiento sin restricciones de lenguaje o de cualquier otro tipo.

Hoy en día, la ciencia que se enseña en nuestras escuelas es bastante primitiva. Se enseña la física de Newton y casi ni se nombra la Relatividad de Einstein pese a que hace ya casi 100 años que fue "descubierta". Pese a eso podemos llamarnos afortunados por la difusión de otras ramas de la ciencia, como por ejemplo la Astronomía, que ha ocupado kilómetros de prensa escrita y grandes espacios televisivos con sus investigaciones sobre Marte, Saturno y los más remotos rincones del Sistema Solar y aún más allá, en las entrañas mismas del cosmos... y esto es muy importante a nivel de conocimiento, ya que el saber cómo funciona el universo nos ayuda a comprender profundamente el cómo funcionamos nosotros mismos. ¿Qué cómo es eso?, se preguntarán ustedes, a lo que responderé a mi vez con otra pregunta:

¿Sabéis lo que es el Paradigma Holográfico?

Universo HolograficoEsta proposición de la ciencia, nos dice que la estructura del universo funciona como un Holograma. Supongo que alguna vez habrán visto un holograma, pero si no, un holograma es una imagen tridimensional proyectada en el espacio que está constituida por pequeñísimas imágenes iguales a esa que vemos, y que se produce cuando proyectamos sobre una placa especial que la contiene un haz de luz coherente (esto es ni más ni menos que un rayo láser) Partiendo de esta premisa diremos que la imagen del universo que vemos la encontramos repartida hasta el infinito en cada pequeño punto del mismo, incluidos nosotros mismos. De aquí se explica que estamos construidos a su propia imagen y semejanza. Pues bien, el movimiento particular que tiene el cosmos es producto del movimiento particular de cada uno de esos pequeños puntos individualmente y de su interrelación con los otros que tiene a su alrededor, dando como resultado aquello que se ha dado en llamar Holomovimiento, y que no es ni más ni menos que la forma en que se despliega y desarrolla todo, la vida tal cuál la conocemos. Así pues, podemos ver y verificar ese movimiento en cualquier escala que miremos, ya sea a niveles moleculares, atómicos y subatómicos, en su expresión más pequeña, como a escalas inmensamente grandes como es el movimiento de los astros en el cielo. En Astrología tomamos la escala planetaria (en concreto la escala del Sistema Solar) y su movimiento, para observar el movimiento interno de la energía en los individuos. De allí la afirmación de que los planetas no hacen un algo que nos influye (no nos tiran rayitos, como dijo alguien), sino que expresan simultáneamente, en otra escala, lo que sucede interna y externamente a cada uno de nosotros. En este punto cabe plantearse la pregunta de que si fuese así como digo ¿no debiéramos ser todos iguales y vivir idénticas vidas entonces? No, eso no es así, cualquiera puede verlo a simple vista: Yo no soy igual a ti, ni tú a mí ni a ese otro, ni ése a aquél... ¿Cómo se explica esto?

SupercuerdasHasta ahora hemos hecho una propuesta del Cosmos en el sentido del espacio, esto quiere decir que hemos visto el modo en que podemos ver la representación de algo pequeño en una escala mayor y viceversa, en el espacio tridimensional tal cual lo percibimos, pero aún no hemos abordado de un factor fundamental que está íntimamente ligado al espacio que es el Tiempo. Habrán oído alguna vez nombrar el concepto espacio-tiempo referido al señor Albert Einstein y sus teorías de la Relatividad... No, no se asusten que no voy a ponerme a exponer aquí las teorías de la Relatividad General o Especial de Einstein, ya que son un tema largo, arduo y muy complejo que pueden encontrar, si les interesa profundizar en ellos, en muchos libros especializados, pero sí voy a referirme a ellas en más de una ocasión lo mismo que a otras mucho más avanzadas y más complejas, como las teorías de Cuerdas y Supercuerdas sobre las que se trabaja actualmente en física. Baste decir, por ahora, que desde que don Albert expuso sus teorías y puso el mundo de cabeza, nos ha quedado bien en claro que el universo está compuesto de energía moviéndose a distintas velocidades; y que para que algo "sea" realmente en nuestro universo tal como puede percibirlo cualquier hijo de vecino en el mundo 3D, debe de tener al menos 4 dimensiones, siendo estas Alto, Ancho, Profundidad y Tiempo... ¿Pero qué tiene que ver todo esto con la Astrología? Pues mucho... Cuando el individuo nace, esto es cuando inspira por primera vez el aire, se fija en dicho ser un determinado patrón energético que prevalece a lo largo de su vida y a partir del cual acciona y reacciona. Este patrón está inscripto en la Carta Natal, la que se traza teniendo en cuenta un lugar en el espacio y un tiempo determinado. Una Carta Natal no solo es un mapa astral, un mapa del cielo, sino que es, en definitiva, una ecuación espacio-temporal que refleja la estructura energética de dicho ser (no digo persona, porque pueden trazarse Cartas Natales de animales, empresas, sociedades, países, etc., y de cualquier cosa que sea) Cualquiera con mínimos conocimientos de las matemáticas y de la astronomía puede trazar un Mapa Natal utilizando lápiz y papel, con una calculadora electrónica se gana tiempo, claro, e incluso hay software de computación que nos brinda un resultado casi instantáneo, pero no cualquiera puede interpretarlo por más astronomía o matemáticas que halla estudiado ¿Por qué? Porque el lenguaje simbólico en el que están escritas estas ecuaciones no es comprendido por cualquiera, ya que se trata de un lenguaje no habitual y que ha dejado de enseñarse públicamente en las Academias y Universidades desde hace más o menos unos 500 años... En el año 1665, Colbert (el fundador de la Academia de Ciencias de Francia) prohibió su práctica y enseñanza a los a partir de allí denominados Astrónomos, so pena de ser expulsados, y con esto desapareció de los claustros. ¿Pero cómo? Se preguntarán ¿La Astrología es solo un Lenguaje? A lo que la respuesta es: Sí.

TorähLa Astrología es un lenguaje muy particular por cierto, ya que su estudio nos permite acceder a un conocimiento que por otro medio nos está velado, y tanto con el lenguaje como con el conocimiento pueden hacerse muchas cosas... Durante muchísimo tiempo se ha creído que la Astrología era un Sistema para predecir el futuro. Pero esto equivale a decir, por ejemplo, que el Lenguaje Francés es un Sistema para escribir Recetas de Cocina, o que el Lenguaje Italiano es un Sistema para escribir Óperas. Una cosa es la herramienta, y otra lo que se hace con ella. ¿O ustedes piensan que el lenguaje de las Matemáticas es solo un Sistema para provocarnos dolores de cabeza? Lo digo solo como otro ejemplo de Lenguaje Simbólico. ¿Pero qué tiene de particular el Lenguaje de la Astrología? Varias cosas... La Astrología es uno de los denominados Lenguajes Sagrados, como lo es también, por poner solo un ejemplo, el Hebreo Clásico (o Antiguo) en el que están escritas la Toräh y la Kabalah judías. La principal diferencia que existe entre estos lenguajes y los llamados Comunes o Profanos (como el Español, el Inglés, el Alemán o cualquiera de uso cotidiano) es que el significado de sus símbolos (las letras, por decirlo de alguna manera), su significado, decía, depende en gran medida de los otros símbolos (o letras) que lo acompañan, de su posición relativa en el texto, y del grado de interrelación que tengan los distintos símbolos entre sí. Pero allí no acaba su complejidad, ya que estos lenguajes pueden leerse en, cuando menos, siete niveles diferentes simultáneamente y comprender así su significado profundo. Al mismo tiempo, estos lenguajes tienen su propia y peculiar "sonoridad", no solo porque algunos cuando se verbalizan se "cantan" (quienes alguna vez presenciaron una ceremonia judía sabrán de qué hablo), sino porque cada una de esas letras-signos emiten y transmiten una particular vibración. Los "textos" en estos lenguajes también se leen como podríamos hacerlo con una partitura musical, escuchando más que leyendo.

Desde hace más bien poco tiempo, digamos unos 40 años, la física moderna ha dejado de prestarle mucha atención a la Teoría de la Relatividad y los Cuantos, que junto con la Ley de Gravedad enunciada por monseñor Newton (quién, por cierto, también era astrólogo) explicaban, o intentaban hacerlo al menos, el cómo era la naturaleza última de las cosas... Cada una de ellas lo hacía a su manera, ya que una explicaba las cosas a una escala grande (la Ley de Gravedad de Newton) pero que no era aplicable a los niveles subatómicos, y la otra, explicaba las cosas a un nivel pequeñísimo pero que no se reflejaba a grandes escalas ni a otras aún más pequeñísimas, y, oh! casualidad, se contradecían entre sí y no podían combinarse para dar una explicación única en los diferentes niveles de realidades, o escalas de realidad, de un modo global y único. Supusieron que la respuesta estaba en esos niveles súper-ultra-pequeñísimos de la realidad de la materia, y hacia allí se enfocaron sus afanes. Se pusieron a estudiar y desarrollar una teoría que las combinara a todas (una especie de Teoría del Todo, aunque el nombre suene un poco ridículo), y así fue como arribaron a una que dieron en llamar “La Teoría de las Supercuerdas” (de Cuerdas, para simplificar, y que en realidad desarrollaron 5 diferentes pero que apuntan a lo mismo) Ya no había átomos, ni protones o electrones, ni fotones, ni quarks rojos o azules, solo había cuerdas... en los niveles más ultra diminutos de la materia solo había cuerdas. Unas cuerdas unidimensionales que vibran a frecuencias determinadas, y que con su vibración combinada constituyen y hacen lo que la realidad es... una vibración, un sonido inaudible para el oído humano. Las tribus sudafricanas, en su cosmogonía, dicen que los Ainur (los primeros ángeles) cantaron la canción de Dios y el mundo, y todo lo que es hecho, fue. Un sonido, la vida misma producto de una canción. Una idea antiquísima, poética y a la vez interesante. Y ahora lo más avanzado de la ciencia llega a la misma conclusión, que todo lo que es, es en definitiva un sonido, vibraciones de cuerdas ultra diminutas. "En el principio fue el Verbo, y el Verbo dijo que la luz fuera, y la Luz fue...", un sonido ¿Les suena conocido? También es una idea muy antigua.

CatonCatón, un griego de esos antiguos que vivió en tiempos de Alejandro Magno, allá como por el 350 antes de Cristo, nos cuenta que los Sacerdotes Caldeos (de quienes deriva la Astrología que se practica en occidente) le dijeron que la Astrología que ellos practicaban existía desde hacía 430.000 años, y que era un regalo que le habían hecho los Dioses a los Hombres... Recién hoy, en el siglo XXI, la ciencia nos da palabras y conceptos necesarios para explicar, o intentarlo al menos, esa cualidad vibratoria que tienen esos símbolos por el mero hecho de trazarlos, y que nos evocan un conocimiento inserto en lo más profundo de nuestro ser y que sabemos desde hace más de 400 siglos... porque si debemos hacer caso de lo que dicen las tradiciones esotéricas, a los lenguajes sagrados no se los aprende, se los recuerda. Suena como mágico ¿no? Palabras mágicas ¿quién no ha oído hablar de ellas? ¿Y los símbolos mágicos...? la Europa nórdica tiene una amplia tradición de ellos reflejados en las Runas. Se dice que fue a Odín, mientras colgaba del árbol Yggdrasil, que se reveló ante él el alfabeto rúnico. Una serie de 24 símbolos que no solo funcionaba como un lenguaje en el que se podían escribir las crónicas y los sucesos, sino que en sí mismos llevaban, cada uno de ellos, un poder oculto. Un poder que era invocado por medio de trazar, simplemente, un símbolo determinado o un conjunto de ellos. También el lenguaje rúnico fue, y aún hoy es, catalogado y utilizado como sistema adivinatorio, una cosa para echar suertes, buscar presagios o predecir el futuro, dejando de lado su carácter de lenguaje. Antiguamente estos lenguajes simbólicos, sagrados, estaban englobados en lo que se dio en llamar Magia Atlante, un tipo de magia asociado a los símbolos que se utilizaba para influir a nivel inconsciente a las sociedades e individuos. Cualquiera de los sacerdotes o sabios de la antigüedad reconocería, sin lugar a dudas, que esa magia sigue practicándose en la actualidad de un modo abierto y evolucionado tanto en los despachos de diseño de imagen a los que son tan afectos nuestros políticos y prominentes personalidades, como en las agencias de publicidad. Me viene a la memoria esa bonita definición que hace Isaac Asimov sobre que "Toda tecnología o conocimiento superior a la comprensión de una mente primitiva, es interpretada como magia."

AstrologiaPero volvamos por un momento a esas pequeñísimas resonancias de las supercuerdas que hacen que la realidad sea. Tratemos de ver cómo esas ondas que emiten se propagan como cuando arrojamos un guijarro en un lago. Así, desde ese centro unidimensional la vibración se propaga a través de todas las dimensiones posibles haciendo lo que es. De ese mismo modo funcionan estos símbolos-letras en los lenguajes sagrados. Generan esa onda y nos tocan internamente en un punto que resuena junto con él en alguna de esas dimensiones preverbales. Hay una certeza en ese reconocimiento instintivo en donde no existe la explicación. Esta validación interna e individual hace que sean una ciencia esotérica el estudio de estos lenguajes. Cuando se "lee" una Carta Natal, y se trata de resolver esa ecuación espacio-temporal en donde intervienen distintas cualidades de la energía, se debe poder reconocerlas individualmente para saber cómo son y cómo actúan en el conjunto, del mismo modo en que cuando se trata de resolver un acorde se debe poder "escucharlo" internamente. Ya dijimos que leer una carta es similar a leer una partitura de música, pero la música de esos sonidos que se leen en una carta son inaudibles, son como acordes de sensaciones, por decirlo de alguna manera. Leer, pues, una Carta Natal, es reconocer la vibración que nos produce internamente, y a partir de allí comprender. Si pudiese hacerse esto mismo de un modo externo, sería simplemente "ciencia", tal y como los científicos definen esa palabra, y podríamos hacer un experimento con ella y repetirlo muchas veces arribando siempre al mismo resultado. Pero la Astrología no funciona de esa manera experimental ya que en ella no solo interviene el movimiento temporal continuo que modifica permanentemente las condiciones de la ecuación, sino que su resonancia intercepta dimensiones aún imposibles de percibir por cualquier artefacto que podamos construir, y es por ello que desde antiguo se la ha considerado un Arte, un Arte Regio para ser más precisos, lo mismo que la Alquimia. Y suena cuando menos sospechoso que se buscara desaparecer estas Artes, luego que dieran inicio a otras ciencias exactas como la Astronomía, la Química y la Física, ciencias que han avanzado muchísimo y nos han aportado un caudal inmenso de conocimiento sobre la naturaleza de las cosas, pero que luego de muchos siglos de empecinado y cuadrado pensamiento lógico, vemos que apuntan indudablemente hacia su propio origen. Quizá todo este tiempo transcurrido solo haya sido un berrinche del racionalismo humano, y finalmente se estén dando cuenta de que las respuestas están dadas en aquello de lo que tanto reniega, en el estudio y aplicación de esos lenguajes arcanos. De momento no parece haber científicos que públicamente apunten en esa dirección, pero seguramente los habrá en no mucho más tiempo. Hoy en día en física teórica se utilizan ecuaciones y fórmulas que no se sabe muy bien de dónde salen, ni de todas las implicancias que contienen, pero se las utiliza por una razón muy obvia y contundente: Funcionan... Lo mismo sucede con la Astrología, y ha de ser por ello que ha sobrevivido, según nos cuentan, durante más de cuatrocientos mil años.