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Quirón: El Dolor es una cuestión de Género.

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La doctora Anna Aloisi, investigadora de la Sección de Neurociencias y Fisiología Aplicada de la Universidad de Siena, en Italia, ha realizado un descubrimiento clínico sorprendente: La percepción del dolor no es igual en varones y mujeres.
Alejandro Fau | Quirón: El Dolor es una cuestión de Género.

Quirón y medicina parecieran ser sinónimos en muchos aspectos de un modo intrínseco, y lo son, pero esta percepción de similitud nunca fue del todo consciente sino hasta hace relativamente muy poco tiempo. A principios de los ´90, la Organización Mundial de la Salud reconoció la existencia de lo que dio en llamar: Fibromialgia. Lo que traducido al castellano normal de la calle sería: La Enfermedad del Dolor. Cuyos síntomas se resumen a padecer dolores musculares de modo contínuo con un grado de mayor o menor intensidad, por siempre jamás… Dolor Muscular Intenso Crónico. Pese a ser una enfermedad de orden “físico”, la fundamentación clínica de su investigación para su posterior aceptación por el organismo, provino de la rama médica de la Psiquiatría, ya que los pacientes que decían padecer sus síntomas, quienes tras practicárseles exámenes no demostraban patología física alguna, irremediablemente terminaban enloqueciendo de un modo grave y con muy altas tasas de suicidio. Aquello que se creía un síntoma de algún otro mal, era un mal en sí mismo, y no solo eso, era mortal. El Dolor físico (Quirón) era lo que transportaba al paciente de la “realidad” (Saturno) a la “locura” (Urano), lo que acarreaba su muerte.

 

El estudio de la Dra. Aloisi no tiene que ver con psicopatologías en realidad, sino con los patrones bioquímicos, algo tan básico como el cuerpo humano y su química interna. Su estudio revela que el Andrógeno y el Estrógeno son cruciales en la captación del dolor por parte del sistema nervioso central. Hasta hace muy poco tiempo, de hecho hasta que Aloisi presentó su estudio, se creía que el inhibidor decisivo del dolor presente en el organismo humano era la Adrenalina y su índice de concentración en el metabolismo, una hormona que secretan en aproximadamente iguales proporciones todos seres mamíferos de una misma especie sin importar su género ante iguales circunstancias. Hoy sabemos que si bien el papel de la Adrenalina es importante en la inhibición, el factor que determina la intensidad de la percepción del dolor no es éste, sino las concentraciones de Andrógenos o Estrógenos en el organismo. Cuanto más Andrógenos hay, menor es la intensidad con que se percibe el dolor, y por el contrario, cuantos más Estrógenos se encuentran presentes, más intenso lo percibimos. De más está decir que los Andrógenos son las hormonas características del género masculino, y los Estrógenos su contraparte en el género femenino, pero nunca se sabe.

 

Dolor CrónicoCuando hablamos de Dolor ¿de qué hablamos? Sí, claro, todos sabemos qué es el dolor, lo hemos sentido alguna vez. Pero su cuantificación y su cualificación se ponen muy problemáticas a la hora de elaborar un estudio de modo sistemático, ya que su percepción es algo absolutamente subjetivo. Lo que para algunos es una molestia fuerte, para otros es un dolor insoportable. Nunca se ha comprendido hasta ahora la naturaleza del dolor. Más es algo a lo que desde hace milenios tratamos de buscarle un remedio. Aún desde antes de ser conscientes de nosotros mismos. Porque es algo que forma parte del instinto. La reacción al dolor es supervivencia pura. Es algo que no se cuestiona. Es algo que de un modo irremediable moviliza al animal que todos llevamos dentro. Pero pese a que es algo que nos acompaña desde que el mundo es mundo, nunca le hemos buscado el lado positivo (la utilidad, diría el Saturno cuya órbita intercepta) y lo hemos combatido con todas nuestras fuerzas. Siempre hemos huído de él y nos hemos rebelado. Dos cosas fundamentales y constitutivas de la vida han acaparado todos nuestros esfuerzos para oponernos a ellas como especie: Dolor y Muerte, y nuestra “Medicina” ha nacido con el firme propósito de eliminarlas a ambas, no de aceptarlas. No es extraño pues, que recién hace quince años aceptáramos como sociedad y cultura al Dolor como una entidad en sí misma.

 

Decíamos pues, que el dolor es una percepción de orden subjetivo… ¿Cómo hizo entonces la Dra. Aloisi para llegar a tamaña conclusión? ¿Torturó a hombres y mujeres inyectándoles previamente más o menos estrógenos y andrógenos y obligándolos a confesar lo qué sentían? No, no… de ninguna manera. Estudió a quienes de por sí se los aplicaban regularmente en sus cuerpos de forma voluntaria, los transexuales. Seres, si se quiere, comparables a la figura Quironeana híbrida de un Centauro, ya que reúnen en su figura la síntesis de dos modos físicos diferenciados, aunque complementarios entre sí. Un ser cuasi andrógino manifiesto en una sociedad cuasi acuariana donde las cuestiones de género parecieran ser cada vez menos importantes. El estudio reveló que tanto los sujetos que incrementaban voluntariamente estrógenos en sus organismos, como los que lo hacían con los andrógenos, sufrían grandes alteraciones en la intensidad con la que percibían el dolor. Aumentaba vertiginosamente en el primer caso, y disminuía muy notablemente en el segundo. Sería largo describir aquí el procedimiento y los detalles investigativos llevados a cabo, baste decir, que el estudio demuestra de manera concluyente esto que acabamos de decir. Varones y mujeres no perciben igualmente el dolor.

 

Esto es muy importante a nivel psíquico, además, y es tremendamente importante en la clínica del tratamiento del Quirón astrológico. Porque nuestra psique es tanto masculina como femenina no importa si somos varones o mujeres, y nuestras distintas “partes” , aquella multitud que somos, los personajes en las distintas circunstancias que interactúan funcionalmente con el exterior en nuestro nombre, por ejemplo: con nuestras familias, en el trabajo, en la intimidad, etc., que conforman distintas sub-personalidades, también lo son; y cada uno tiene un grado de mayor o menor resistencia a ésta energía. No es lo mismo un mismo aspecto de cuadratura, por poner un caso, Quirón-Luna, que Quirón-Saturno en tanto sensibilidad con la que se percibe. Por tanto fácilmente inferimos de ello que, nuestra percepción del grado de dolor percibido en la casa en donde esté Quirón, también estará reducida o aumentada según sean las cualidades masculinas o femeninas de sus planetas regentes. Esto hará que la energía sea más o menos “invisible” para la conciencia del individuo y, ergo, para su necesario grado de manifestación en el mundo.

 

Evolutivamente, podemos alegar que esto de la diferenciación de género en la percepción de dolor, constituyó una ventaja funcional para la supervivencia de la mayoría de los animales, humanos incluídos. Los machos debían cazar y pelear para proveer y proteger tanto a hembras como a crías, y era bueno que no se distrajeran en momentos cruciales por “pequeñeces” tales como una mordida o un zarpazo. Tanto, como que las hembras fueran más sensibles a las necesidades de todos los miembros del grupo. En los tiempos en que el lenguaje no era una opción, comunicar una dolencia era crucial para la supervivencia humana. Habrán notado, que desde antiguo las funciones sanadoras que sobrepasaban al propio individuo, quien de hecho se curaba a sí mismo como cualquier otro animal, eran ejercidas por las mujeres. En parte por su disposición natural protectiva de la cría, pero en mayor medida por su también natural sensibilidad aumentada. La figura del “Chamán” o del “Hombre Medicina”, el Médico Brujo, es de aparición muy posterior. Fue cuando culturalmente se hizo necesario comunicarse con Dioses y Espíritus para solucionar o anticipar males en donde intervenían factores que se encontraban fuera del mundo de la materia, y así fue queg el Patriarcado humano terminó imponiéndose sobre el Matriarcado hasta ese entonces imperante e inherente a la naturaleza de los grupos.

 

dolor de cabezaHace un momento hablábamos de la “utilidad” que podría tener el dolor, intentando buscar su lado positivo, más allá del de servir de alarma para males mayores. ¿Puede el Dolor ser algo bueno, más allá de la promesa religiosa de que tras atravesarlo vendrá un eterno paraíso? Bueno… yo creo que sí. Para comenzar, diría que sin el dolor no estaríamos aquí hablando de ello. No quiero decir que no tendríamos tema, sino que no existiríamos… habríamos muerto. La evolución de las especies opera por la necesidad de adaptarse al medio, y el dolor empuja a necesidad de manera imperiosa. Talbot, el antropólogo, en su “Hipótesis del Cazador” plantea el factor clave para el desarrollo y mejoramiento de una especie: Su Predador. El Dolor es el predador de la mente, es la que provoca que emerja el ingenio. La alta creatividad expresiva en el arte está asociada también de alguna manera a la experiencia dolorosa de un modo claro. Los más grandes artistas clásicos son una prueba de ello, pues no conozco a ninguno que no estuviese atormentado de una u otra manera, y creo yo que la naturaleza es, si se quiere, el artista más grande de todos los tiempos. ¿Por qué no iría el dolor ser parte de ella?

 

¿El Dolor y la Muerte, pueden entonces ser algo naturalmente bueno? Esta es una pregunta que debemos plantearnos seriamente. Instintivamente estamos impelidos a afirmar que sin dudas el Dolor es malo, ya que el solo imaginar el padecimiento que supone vuelca la decisión de un modo irremediable e instintivo. Pero analicémoslo fríamente. El problema surge de la escala en la cual acostumbramos a mirar las cosas. Veamos un ejemplo: Supongamos que tenemos que tomar el subterráneo para poder llegar a horario a nuestro destino. Pero llegando al andén nos damos cuenta que nuestro transporte está a punto de partir, y que solo mediante el esfuerzo de una vigorosa carrera podemos alcanzarlo, y lo hacemos, y lo logramos... y nos sentimos bien por este hecho. Nuestro cuerpo nos responde como lo esperamos y nuestra imagen de personas responsables ha quedado a salvo. ¿En términos morales está bien o está mal ésto? Por supuesto que está bien, cualquiera puede verlo. Pero para realizar esta acción, se provoca una entera secuencia de acciones corporales. Se vierte adrenalina extra en nuestra sangre. Nuestros músculos se contraen en un esfuerzo excepcional, y mediante nuestra acción deliberada destruimos millones de células de nuestro cuerpo. Cada una de las cuales, éstas células, es una pequeña vida... todas ellas mueren por lograr nuestro objetivo. (aunque en un sentido real, estas son literalmente “sacrificadas”) ¿Sentimos acaso compasión por ellas? No! ¿Podemos decir que experimentamos algún tipo de remordimiento por su destrucción debido a la acción que realizamos? No! Pues hay aquí un factor de escala que es muy importante. Raramente notamos que nuestra capacidad de comprensión de la realidad está graduada. No podemos tener más que una inquietud teórica por el destino de la levadura que usamos para hornear el pan o la pizza, y sin embargo está viva. Sentimos una responsabilidad mínima por la vida de sangre fría cuando matamos un insecto, luego esta se incrementa con respecto de la vida animal de sangre caliente (pregúntenle a los vegetarianos si la lechuga que comen acaso no estuvieron vivas), y tenemos la máxima inquietud con respecto a la vida humana... pero no podemos sentir nada por la vida celular. La escala que nos separa de ella es demasiado grande, está más allá del límite de nuestra atención consciente, de nuestra responsabilidad consciente.

 

Dolor niño

Y si hablamos de un límite que se desgarra (de Saturno), hablamos también de Tiempo. Nuestra limitación de escala está conectada con el máximo y con el mínimo de lo que consideramos “momento presente”, y de la medida de esto que nuestra conciencia es capaz de abarcar. Una escala de tiempo más cercana a nuestro cotidiano puede servirnos de ejemplo: Supongamos que un niño tiene una espina profundamente clavada en su dedo. La madre del niño ve la situación en términos de “momento presente” mucho más amplio que el que tiene consciente el niño. Ella ve la vida de su hijo de un modo integral, su bienestar, su crecimiento, su madurez, su proyección futura, etc... y la inminente posibilidad de que se provoque una infección en el dedo. Entonces ella toma una aguja, escarba bajo la espina y la saca con uno o dos pinchazos... El “momento presente” del niño, está restringido a los próximos diez o quince segundos cuando mucho, durante los cuales solo ve una aguja que está desgarrándole la carne y provocándole un dolor horrible! En términos del “momento presente” del niño, su madre está cometiendo un acto de crueldad espantoso, provocándole deliberadamente un sufrimiento enorme e incomprensible. El niño no puede comprender que la acción de la madre surge de un interés por su bienestar final. Para poder apreciar esto, el niño necesitaría acceder a un “momento presente” que no está capacitado, en su grado de desarrollo presente, para tener.

 

Mediante esta analogía, el horror que nos producen las masacres de las guerras, epidemias o desastres naturales en donde se pierden o sufren millones de vidas humanas, podrían representar solo unos pinchazos de aguja en el marco de una conciencia superior cuyo “momento presente” sea el de, por ejemplo, diez mil años... Imaginemos que la humanidad entera es un organismo en evolución que se mueve, obviamente, en otra escala de tiempo... su bienestar final puede requerir la acción de una inteligencia “superior” que posea un “momento presente” enormemente mejor a través de realizar dicha acción. Para el hombre individual, cuyo “momento presente” imaginable como máximo es su propia vida, la acción de dicha inteligencia puede sugerirle algo así como una indiferencia en el mejor de los casos, o la de una crueldad deliberada en el peor de ellos, del tipo “Dios realmente me Odia”. Pero si su “momento presente” pudiese contemplar algún tipo de continuidad de su Ego más allá de una sola vida, su relación con el destino se transformaría totalmente. Esto es a lo que apelan las religiones y sectas cuando prometen al alma de sus adeptos una vida eterna de amor, paz, armonía y gozo… posterior, con el fin de que puedan soportar las tribulaciones que implican el vivir en este valle de lágrimas que es su mundo presente. O para que realicen actos que de otro modo no harían. Los senderos de Alah, son inescrutables para bien o para mal, dirán algunos.

 

Es quizá la razón de que algunos quieran alcanzar el Nirvana o estar más cerca de Dios por medio del Dolor, y practican la autoflagelación. Incluso llegar a la santidad a través del ascetismo. Qué es un Mártir, sino aquel que murió por La Causa con Dolor... Son la herida. Lo sacrificable. Son los Kamikazes. Gentes para quienes morir en la batalla, implica solo un pasaporte directo al paraíso... Un Dolor que los llevará al paraíso. Cierto es que hay en esta componente de la energía quironeana un algo que implica Redención. Algo del orden Crístico. La pasión de Cristo. La tortura y el dolor como la sanación de una gran herida, el perdón del dolor de los otros. La propia vida por la de todos como en el mito, la vida de Perseo quién padeció porque entregó el fuego de los dioses a los hombres, por la de Quirón, quien enseñó y sanó a esos mismos dioses y hombres. Dos eternos sufrientes redimidos cuando hubieron comprendido que su saber personalmente inútil y dolorosamente adquirido, pudo ser muy útil a los otros. A Perseo se le devolvió su vida plena, y a Quirón una inmortalidad ya sin sufrimientos.

 

Quien quiera profundizar aún más en la temática de Dolor y Género, tiene en breve una muy buena oportunidad de hacerlo. La Dra. Anna María Aloisi, tal su nombre completo, disertará como invitada de lujo sobre el tema “Dolor y Mujer” en el marco del XXIX Congreso Mundial de Medicina Interna que se realizará en Buenos Aires entre el 15 y el 20 de Septiembre próximo. El año 2008 fue declarado por la Asociación Medica Internacional de Estudio del Dolor, como el “Año Internacional del Dolor en la Mujer”. Por lo demás, mis queridas féminas, no se si desearles por ello muchas felicidades…