Artículos

Astrología: Las viejas costumbres olvidadas.

Autor:

Antiguamente, digamos en el Medioevo, si uno pertenecía al pueblo liso y llano solo podía encontrarse con un astrólogo en la plaza del mercado durante algunos pocos días dos o tres veces al año, en las fiestas patronales u en otra ocasión similar. El personaje llegaba andando la mayoría de las veces luego de atravesar valles, montes y bosques en donde dormía al sereno, y comía de lo que cazaba o pescaba por ahí mientras estudiaba los cielos y veía desplegar su poder sobre lo que acontecía en la tierra y a las gentes. A veces, pocas en verdad, llegaban en un carromato tirado por caballos, y complementaban las pocas ganancias que su arte les brindaba, con la oferta de almanaques, talismanes para la buena suerte, venenos contra los enemigos e infalibles filtros de amor. Contados eran aquellos que habitaban un castillo por estar al servicio privado de algún monarca o de algún gran señor, más estos últimos son los únicos que han adquirido fortuna, gran fama y pasado así a la historia, marcando un modelo arquetípico que sus actuales colegas se esfuerzan por repetir: Servir a los poderosos, a monarcas y famosos con el fin de obtener fama y fortuna para ellos mismos. Pero… ¿y el Pueblo liso y llano? Pues el pueblo ya no cuenta… a menos que sea para expoliarlo.
Alejandro Fau | Astrología: Las viejas costumbres olvidadas.

La astrología moderna ha derivado en dos grandes corrientes a saber: La Astrología Culta, o de élite, y la Astrología de Masas según define Bergier. La primera es aquella en que los profesionales del Arte se aplican en investigar y sondear las profundidades de la aplicación de su Arte a las distintas ramas del conocimiento moderno (la Medicina, Economía, Psicología, Sociología, Física, Filosofía, etc., etc., etc.) con el fin de ampliar el saber de éstas y de resolver y develar los misterios que allí habitan. La segunda, la Astrología de Masas, dirigida al gran público, desgraciadamente se ha dedicado en perpetuar la superstición popular respecto del Arte astrológico con un fin meramente comercial, degradando de ese modo su función social que es la de prestar su ayuda al ser humano medio.

cientifico locoEl Astrólogo Culto Profesional moderno, se ha convertido con el correr del tiempo en un ermitaño estudioso renegado de la sociedad, o en un simple funcionario al servicio de las élites asumiendo un papel secundario, y muchas veces oscuro, en los actos y acciones ejecutados por éstas. Pasa sus días encerrado en una torre de marfil tecnologizada y sólo sale de ella para atender a algún personaje poderoso, para asistir a algún evento internacional que reúna a gente de su clase en donde enfrascarse en bizantinas discusiones con colegas por trivialidades en un leguaje exclusivista, o para presentar su último libro que resume sus sesudas y preclaras verdades sobre cosas que por lo general no le interesan a nadie o, cuanto mucho, a no más de tres o cuatro tipos tan crípticos como ellos mismos.

astro-star El Astrólogo de Masas Profesional en cambio, se ha convertido en una especie de pop-star enteramente mediático que pasa sus días escribiendo fruslerías para las revistas del corazón, apareciendo en programas televisivos de moda vaticinando éxitos o catástrofes entre los famosos, o aterrorizando al gran público desde sus libros o tribunas creyéndose así los modernos Avatares de estos tiempos. Por regla general practican la Astrología predictiva, la que combinan con alguna otra mancia que esté en boga o con “técnicas” que estén asociadas con prácticas preferentemente milenarias aunque no tengan ningún punto de contacto con ellas, a fin de diferenciarse o de destacarse por encima de sus pares. Atienden las consultas del público en general para mantener su modus vivendi, pero se niegan sistemáticamente a transmitir sus conocimientos a otros con la excusa de que a cualquier otro le llevaría muchísimos años de esfuerzo y penurias llegar a rozar siquiera su nivel de conocimientos, u ocasionalmente organizan seminarios y talleres en locaciones de gran trascendencia mística a valores exorbitantes a los que sólo muy pocos podrán acceder y, si lo hacen, poco provecho práctico podrán obtener de ellos.

Se ha perdido en el camino la función social del astrólogo y la de educador de masas. También, y esto es quizá lo más llamativo, el astrólogo ha dejado de lado el conocimiento general y solo se aboca a profundizar en lo suyo. Antiguamente quienes se dedicaban al este Arte Regio, también eran grandes eruditos y practicantes de otras nobles artes (como la pintura, escultura, música, etc.), y lejos han quedado personajes de la talla de Leonardo, Agripa y Paracelso por nombrar sólo algunos. Hoy día es raro encontrar alguno que hubiese asistido a alguna universidad y obtenido algún título formal de alguna clase, o que aprendiera algún oficio práctico y necesario para la comunidad en que vive. Pocos en verdad saben cultivar la tierra, atender un parto o preparar una elaborada cena. La mayoría vive tan abstraída del mundo, que casi olvida que el mundo real también existe. Hablan de estrellas, planetas y constelaciones, pero son pocos los que atisbaron alguna vez un telescopio o puedan reconocer estos asterismos a ojo desnudo mirando hacia el cielo, y muchos menos los que puedan seguir un rumbo guiados tan solo por las estrellas. De haber nacido algunos siglos atrás, sin dudas, todos ellos estarían sin trabajo…

Viejo-AstrólogoAntiguamente el astrólogo era una rara mezcla de juglar, maestro, médico y artesano. No había barco que no contara con alguno, pues eran los únicos que podían seguir con seguridad el rumbo sin perderse en alta mar o calcular con exactitud el punto en que se encontraban los navíos. Llevaba las noticias de un sitio a otro; enseñaba no sólo a leer y escribir sino que era de los pocos que tenía algún conocimiento de las que ahora llamamos ciencias; sabía tanto de historia como de los mitos y las leyendas; y en su función sanadora curaba tanto las almas como los cuerpos. Cumplía cabalmente las funciones de un meteorólogo y calculaba certeramente el tiempo de la siembra y la cosecha, los solsticios y equinoxios, y también cuándo habría algún eclipse. Contrariamente a lo que podríamos imaginar por esta descripción, tan cercana a la figura de un Mago o de un Hechicero, en su mayoría eran personajes que portaban en sí una profunda fe religiosa, sea porque pertenecían a alguna orden monacal o por haber sido formados por la Iglesia, ya que en esos tiempos no existían escuelas en donde obtener una formación laica en ninguna parte.

Lo cierto es que en la actualidad, una era en donde se hace tanto hincapié en el conocimiento y la verdad para opinar sobre cualquier cosa, el Arte astrológico constituye un misterio para la mayoría de las personas. Aún persisten los prejuicios y la ignorancia generalizada sobre la realidad de la profundidad que tiene el tema. Es verdad que tanto la ciencia formal como la religión se han preocupado y ocupado de que así sea, pero lo sorprendente es que la mayoría de aquellos que se dedican a su práctica no hagan nada al respecto o que, simplemente, les sigan a éstos la corriente. Lentamente vemos como se va degradando y deformando nuestro preciado arte a nivel popular, hasta convertirse en aquello que nos han hecho creer que es aquellos que están fervientemente en su contra: una superstición absurda practicada por oportunistas y estafadores que explotan la ignorancia de las gentes incultas. De seguir así, no me extrañaría para nada que lentamente se vaya diluyendo y finalmente desaparezca como parte importante que es de la cultura humana.

Año InternacionalCreo que debiéramos aprovechar este 2009 que ha sido declarado por la Organización de las Naciones Unidas como “Año Internacional de la Astronomía”, para recordarle al mundo cuál es el origen de esa honorable ciencia por todos los medios a nuestro alcance con veracidad, criterio y rigurosidad, acercando y promoviendo nuestro Arte en todas partes, tanto en las entidades culturales de todo orden, escuelas y universidades, como en los espacios públicos de los parques y las plazas entre aquellos que más lo necesitan: El hombre de a pié, al pueblo liso y llano.

3 Comentarios

Marta (14.Oct.2009 @ 17:26 gmt) dijo,
Son tiempos oscuros Alejandro, la Astrología no es una isla. Si el Arte sobrevivió a la Inquisición, esta seducción de la sociedad de consumo no lo destruirá. No todos los astrólogos están visibles, no todos viven de ella y hacen payasadas para comer. Los beneficios del Arte también se esparcen en los entornos existenciales de los estudiosos que al ascender llevan a otros consigo. Una mano que ayuda para la subida. es una puerta que se habre. ¿Cómo llegamos a la Astrología vos, yo, tantos otros?
Pero siempre fue malversada. siempre fue instrumento del poder de los poderosos. El instrumento es noble, el guerrero es un mercenario. ¿Qué hacer? Vulgarizar la ciencia es crear más mercenarios, monos con navaja, peligrosos hasta para sí mismos. Entiendo que ésta no es tu postura, que te aflige tener una perfecta herramienta para la felicidad y no encontrar la manera de fraternizarla. Yo me siento igual, hasta culpable.
No encontré respuesta aún, lo que propones todavía no me animo a hacerlo, no estoy segura de su eficacia. No en entornos públicos. Pero puedo ser convencida, me has hecho dudar, y eso es bueno.
Tu sitio es un esfuerzo en este sentido, pero entiendo que tu planteo va más allá de Internet. ¿Sabes cuán seguros de nosotros mismos debemos estar para salir del placard? ¿Te parece que una convocatoria a todos los estudiosos escondidos tenga efecto? Hay que pensarlo, lo voy a pensar.
afectuosamente
Alejandro Fau (16.Oct.2009 @ 00:47 gmt) dijo,
Yo creo que entre vivir en un placard no siendo, y salir de él... pues no dudaría, la vida se trata de ser. Vivir en un placard es no vivir sino un aprender a ser cadaver.
Enrique (17.Nov.2009 @ 03:32 gmt) dijo,
Alejandro, dónde está el saber?, en qué lugar podemos aprender la vera Astrología, habrá alguien generoso que pueda enseñar "todo" sin guardar algo para sí? Si ese lugar existiera, te aseguro que entraría de rodillas, pero me temo que por estos lares nadie SABE, todos conocen, pero saber...me temo que muy pocos y para sí. Yo quiero la Astrología predictiva, no la psicologista, eso no existía en tiempos de Ptolomeo, pero lamentablemente nos han colonizado desde el norte con ese mester, Liz Greene sigue contando billetes, y nosotros creemos que sabemos...Gracias.