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Plutón en Capricornio: La caída del Poder del Ego.

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La realidad es lo que creemos que es, y a eso llamamos paradigma. Un tipo de acuerdo colectivo sobre lo que percibimos como realidad y lo que creemos que esta es. Ni más ni menos que una construcción humana explicativa y tranquilizadora que hace que sigamos por la vida sin sucumbir al terror paralizante que nos produce la pura y simple verdad. Algo que es solo un producto de nuestra conciencia deformada por el miedo, que creamos para poder finalmente ser en este mundo, nuestro propio mundo.
Alejandro Fau | Plutón en Capricornio: La caída del Poder del Ego.

La mente humana debió apelar a este truco desde el momento de adquirir la conciencia, y autoconciencia, de lo que la realidad en verdad es. Un truco fabuloso que nos ha dado muy buenos resultados prácticos, evitando que cayéramos así en un fatalismo paralizante. Pues lo cierto es que se haría muy difícil avanzar, crear e innovar si sucumbiéramos a la realidad que implica nuestra propia conciencia de finitud. Es condición ineludible del Ego humano sostener la creencia de que puede vencer por sobre las diferentes adversidades en su devenir, para poder realizar una evolución conciente en el mundo. Para ello hemos creado toda una serie de autoengaños que venimos sosteniendo desde que, para nosotros, el mundo es mundo. La religión es un ejemplo, ya que debimos encontrar una causa tranquilizadora para todo aquello que a nuestra lógica razón ha dejado sin respuesta y que, ahora sí, terminamos achacando a esa entidad que denominamos Dios. Un truco útil mientras nuestras mentes crecían y maduraban desde su temprana infancia hacia su adultez. Es una lástima que en nuestra plácida tendencia a la comodidad decidiéramos quedarnos en una niñez eterna. Claro que hablo de la mayoría, ya que siempre ha habido y habrá quien quiera seguir su rumbo, aún a costa de inventarse un nuevo engaño.

 

Autoconciencia egoicaTambién nuestra autoconciencia nos ha llevado a creer que somos únicos y diferentes de aquellos que, en apariencia al menos, eran tan iguales a nosotros, puesto que solo nosotros podemos ser “yo”. Descubrimos que “yo” éramos solo nosotros mismos y los otros, pues… los otros solo eran los otros, y ni punto de comparación en importancia en tanto cuestiones de supervivencia había. Cuando esto finalmente sucedió culturalmente, fue que comenzamos a negar todo aquello que podríamos denominar como “instinto de manada”, la reacción y la acción en pos del bien común por encima del individuo como un acto instintivo. Nos transformamos en demasiado importantes para nosotros mismos como para arriesgar el pellejo por la supervivencia de la especie como haría un animal. Esta sensación de auto importancia se fue acrecentando con el correr del tiempo mientras evolucionamos, hasta llegar a los actuales niveles de egoísmo que ponen en riesgo la vida de todos sin distinción de “yoes” de ningún tipo. Tanto hemos dominado nuestros instintos básicos durante el correr de las eras, aplacándolos primero e intentando suprimirlos después, que paradójicamente hemos casi eliminado el básico instinto de supervivencia.

 

Es cierto que ello nos ha ayudado a avanzar en la sociedad y cultura humanas en los estadios iniciales de culturización. Aquello que nos llevó a formular determinados parámetros de comportamiento ético y moral para actuar en sociedad en el inicio, es lo mismo que nos ha llevado actualmente a un grado de represión por sobre nuestros instintos vitales básicos que puede llevarnos incluso al exterminio. Si comparamos nuestras mentes y emociones con nuestros propios cuerpos físicos, implicarían el visible hecho de que se nos hace necesario el cambiar de dieta para poder seguir desarrollándonos normalmente. Cuando somos recién nacidos, y durante un tiempo, nuestros organismos de mamíferos necesitan de la lactancia materna para poder mantenernos vivos, pero más luego no podemos sostenerla sin riesgo de morir envenenados o, en todo caso, de tener esperanzas de desarrollarnos plenamente. Lo mismo sucede con nuestras actitudes sobre los comportamientos de la vida particular en general y de nuestra vida como sociedad. Durante un período fue necesario el cubrir nuestros cuerpos, más allá de las cuestiones climáticas, con el fin de no excitarnos continuamente entre nosotros provocando así interminables y sangrientas disputas; también necesitamos de un líder que nos guiara para poder evitar la dispersión y asegurar el mejor aprovechamiento de nuestro esfuerzo y recursos compartidos… pero ya está bien de todo eso, pues todos hemos crecido bastante ¿O no? Bueno… pues parece que no.

 

EgoLo mismo que generó que todo esto sucediera, despertó en el ser humano el sentimiento de poder. Si bien la energía Plutoniana siempre ha estado presente, siempre ha estado fuera del alcance individual (es energía transpersonal por definición), y con los acuerdos alcanzados por la necesidad de individuos que guiaran de uno u otro modo el accionar colectivo, se despertó en los tan novedosos egos individuales recién despiertos unas sensaciones de importancia inauditas hasta entonces. La sensación de ser efectivamente superiores a los otros en algo, reafirmó la creencia de tener exclusividad y derechos por encima de los otros. Exclusividad y derechos que no quisieron perder jamás aquellos que los adquirían alguna vez, retroalimentando un círculo vicioso de refuerzo de los egos y dando comienzo de este modo a las carreras por el poder político y sacerdotal desde entonces. Esto llevó, como podemos imaginar, a la manipulación de la realidad por parte de estos seres con el fin de afianzarse en dichas posiciones ad eternum. Amparados por peligros inexistentes y supuestos designios divinos revelados a ellos, unos y otros fueron perfeccionando los distintos aparatos de Estado e Iglesia ensalzando a los amigos y denotando a opositores con el fin de ganar aliados en su conquista. Mas vemos hoy día como la realidad ha adquirido un grado tal de contundencia, que las patrañas y mentiras a las que nos habíamos acostumbrado a catalogar como cosa cierta, se derrumban. Cómo esos inflados e inflamados egos han quedado tan enredados en sus propias trampas, que se tornan patéticas sus declaraciones y excusas ante la mirada atónita de cada vez más gente que poco a poco despierta.

 

No es extraño entonces que actualmente se debata encarnizadamente sobre leyes que regulen la circulación y distribución de la información en los diferentes países; que los periódicos más tradicionales al ver caer sus ingresos por publicidad debido al avance que constituyó la Web en ampliar libremente la gama de acceso a diferentes fuentes de información, se encierren sobre sí mismos vedando la información que ellos generan a quienes no puedan pagarles por ella; que las universidades y distintos centros académicos se desentiendan de lo público y se empecinen en brindar conocimiento solo a quienes puedan pagarlo de modo contante y sonante. Pues el conocimiento, la información, la realidad y su manipulación puesta en manos del mejor postor, han transformado nuestros derechos en simples mercancías como cualquiera con ojos puede verlo. Asistimos, consternados, a la pelea entre esos mega-egos que solo quieren brindarnos mentiras más y más bonitas con el fin de sentir que aún pueden dominarnos. Políticos que se acusan mutuamente de lo mismo, de corrupción y de gobernar solo para sus propios intereses. Reformas religiosas que buscan volver a los antiguos rituales para tratar de evocar aquella mágica fascinación que daba tan buenos dividendos, y no en la liberalidad como en los últimos tiempos en que ya vieron muy mermados sus rebaños… Es muy simple, la sociedad y la gente ya no está dispuesta a ser tratada, manipulada y sacrificada como si fueran simples ovejas en el altar de los Dioses.

 

RealidadLa interacción entre Plutón en Capricornio, que demuele las estructuras institucionales arcaicas, combinado con el Neptuno en Acuario que nos evoca el sentimiento de unidad y participativo, más los fulgurantes rayos Uranianos que echan luz en los amodorrados sueños concientes de Piscis que nos tocan ahora, se combinan en una mezcla por demás corrosiva. Por desgracia debemos acostumbrarnos a ver como los viejos modos de ser concientes tratan desesperadamente de mantenerse a flote apelando a lo que sea, a ver aparecer “iluminados” a diestra y siniestra tratando de recrear lo mismo en un vano intento de simular cambiar para que nada cambie, a que por medio de la violencia se intente sostener el estado de las cosas y de volverlas al “orden establecido” con el beneplácito y contribución de las distintas religiones “oficiales”… y a verlos una y otra vez fracasar hasta agotarse en esos vanos intentos. Lamentablemente soportaremos y atravesaremos con gran dolor estas instancias de Caos para que una nueva dimensión de la conciencia finalmente aparezca. Quizá debiéramos abandonar nuestros juicios y prejuicios heredados para medir la real dimensión de la vida por nosotros mismos acelerando el proceso, y al fin comprender que ésta se encuentra detrás del cristal de la ventana y no detrás de la pantalla del televisor con sus irreales imágenes e imaginaciones, pero francamente yo no creo que existan muchos que estén dispuestos a hacerlo.

 

G-20Poco a poco se nos presenta una realidad ineludible, y vemos cómo los antiguos intereses son incapaces de afrontarla. El derrumbe de los mercados internacionales de hace un año, hizo que se implementaran medidas ilusorias tratando de sostener las apariencias y no solucionando nada en lo efectivo. Los medios de comunicación crearon la ilusión de una tranquila y veloz solución, y se generaron gestos tranquilizadores para apaciguar el pánico social que se había generado. Los líderes mundiales se reunieron, tomaron el té, charlaron con gesto adusto y ceños preocupados, y terminaron acordando solo más reuniones con la esperanza de que apareciese un nuevo hecho que disimule su incapacidad para resolver las cosas. Se aplicaron paños fríos con el fin de bajar la fiebre de esa dinámica económica enferma, sin reconocer que se trata ya de un caso terminal. Se dio a conocer el diagnóstico como una simple “crisis de confianza”, apelando a la vieja fórmula sacerdotal de castigo por la falta de Fe. El asunto, resumieron, pasa por el hecho de que el pueblo expíe sus pecados asumiendo una brutal penitencia que les garantice a ellos (y a sus egos) la prevalencia de sus privilegios y derechos adquiridos para seguir finalmente haciendo lo mismo.

 

No hace falta ser adivino o astrólogo para ver que eso no resolverá sino que agrava el problema. No hace falta haberse encerrado en costosas universidades e instituciones y haber cursado complejos estudios económicos, para darse cuenta de que el verdadero derrumbe está pronto. Como tampoco es necesario ser clarividente para darse cuenta de que nuestros tan mentados líderes no tienen idea de cómo detenerlo. De la última gran crisis en la economía mundial, en los inicios de la década del ´30, se salió realizando un gran sacrificio de sangre. Muchos millones de humanos debieron morir y muchos más padecer el hambre por mucho tiempo, mientras que las industrias bregaban en pos de acrecentar las ganancias en favor de los diversos imperios, generando la más grande de las guerras planetarias llamada pomposamente “II Guerra Mundial”. Hoy el panorama internacional nos muestra ese mismo gran escenario y la devastación promete ser aún mayor. ¿Apelaremos a las viejas fórmulas probadas al menos como solución coyuntural? Probablemente sí. ¿Podremos evitar que esto se repita? Probablemente no.

 

Tecno-FósilQuizá sí habrá quien proponga y sostenga que si todos los que estamos en contra nos sentamos a meditar y elevamos así la vibración de la Tierra, podremos detenerlos; y otros que apelen a la confianza ciega de que nuestros hermanos cósmicos del espacio exterior van a detenerlos lanzando poderosos rayos de amor sobre todos nosotros, o, al menos, vendrán a rescatarnos a los que somos “buenos” y dejarán perecer a los brutales “malos”, también. Pero eso suena más a una baja vibración de ilusiones propiciadas por una mala absorción de la energía de Neptuno en Acuario y Urano en Piscis que a algo real. Plutón en Capricornio exige una transformación profunda en estos arcaicos modos de intentar resolver las cosas, no podemos apelar ya a soluciones “milagrosas” o a la búsqueda de nuevos líderes (aún si estos son extraterrestres). La transformación profunda es, en todo caso, el que maduremos finalmente como especie conciente y no que prolonguemos nuestra irresponsable infancia. Es hora de asumirnos como partícipes y constructores de nuestro destino. Es hora de desechar el viejo modo de vernos como seres separados del resto y mejores y por encima de ellos, es hora de reconocernos como iguales, y en nuestra igualdad, poderosos. Las soluciones no han de venir de fuera sino de dentro de nosotros mismos, y la elección es ahora: Crecer como especie de un modo responsable, o ser los dinosaurios del museo de otros seres del futuro.

 

2 Comentarios

marta (8.Dic.2009 @ 01:28 gmt) dijo,
Por ésto es que me gusta leerte y te sigo. Hay mucho delirio en el ambiente astrológico, se hacen afirmaciones con demasiada liviandad. Yo lo atribuyo a una pandemia de desinformación, porque verdaderos estudiosos hay pocos. Y por estudiosos me refiero a aquellos que no aceptan información de segunda mano y por lo tanto no se enrrollan con cuanto negocio circula por ahí. Algo similar a lo que sucede con el ambientalismo.
Aprovecho para agradecerte, por lo centrado debes tener a Saturno en algún ángulo de la carta. Y cuanta falta que hace!
Oscar Solís (28.Ene.2010 @ 03:50 gmt) dijo,
Estupenda reflexión, ya el filosofoHorkheimer, sosttenía que la razón iba a dar paso a la barbarie, precisamente en este siglo. La entrada de Plutón a Capricornio, nos deja con las estructuras derribadas, habrá que construir otras