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Astrología Humanista: La Luna (II), un holográfico pantano de egoísmo

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Cuando me mudé al lugar en que vivo, donde no nací pero que llamo mi casa, pensé que había venido a vivir al Paraíso. Un paisaje maravilloso de montañas majestuosas dispuestas en una geometría tan perfecta como no se le ocurriría jamás al más brillante de nuestros humanos matemáticos o al más genial arquitecto. Un lago enorme de aguas mansas, que en los días de tormenta se transforma en un mar embravecido. Bosques vastos, antiguos, algunos jamás ollados por una pisada humana. Pequeños lagos escondidos, entre riscos de una acústica envidiable; una fauna silvestre de sabia y graciosa ingenuidad, aves maravillosas y una flora exuberante. Luego, al poco tiempo de vivir aquí, caí sobre la cuenta de que mi primaria intuición no me había engañado, pues en verdad me hallaba en el centro mismo del infierno.
Alejandro Fau | Astrología Humanista: La Luna (II), un holográfico pantano de egoísmo

Tenemos una idea equivocada del Infierno. Pensamos que, como los cielos, existen desde siempre. Milenios de machacar con ello han fijado esa imagen en nuestro inconsciente. Como también que hay un poder omnímodo que nos vigila y que ante la menor falla va a arrojarnos a él. En ello basa su dominio y poder la religión. Naturalmente, en la naturaleza digo, aquello que llamamos el Infierno no existe. El Infierno es una construcción psíquica humana. Es un lugar depositario de los todos los miedos concebibles por el ser humano. Hagan la prueba, traten de imaginar el Infierno. Extraigan luego los pesares o tormentos que provocara a sus pares alguna vez la raza humana. Quiten de allí cualquier imagen antropomórfica que exista. Verán que nada queda salvo aquello que ha temido siempre la especie humana como cualquier otro animal, la desatada furia de los elementos. El resto habrá desaparecido. El Ser Humano ha lidiado con ello, la furia de los elementos, de un modo prodigioso a lo largo de las eras con aquello que precisamente lo hizo humano, su Consciencia. Más ese infierno perdurará por siempre, como podemos ver en las noticias de cada día, pues pertenece al humano como animal mamífero que es y no como Ser consciente y es parte indivisible de su herencia biológica, vital y verdadero, pues está más allá de él. Cuando hallan despojado a su imaginario Infierno de toda la crueldad y la maldad Humana, se desplegará ante ustedes el terror del animal que todos llevamos dentro. Ese mismo terror que hizo despertar a nuestra especie al primario nivel de la consciencia: La Consciencia Lunar, primer escalón necesario en nuestro continuo despertar del sabernos vivos. Enfrentarnos a él disparó nuestra primera “idea”, y producto de la pulsión lunar de la replicación, fuimos los imitadores, copistas y perfeccionadores de todo aquello que nos rodeaba con el fin de protegernos. Descubrimos así nuestra primer herramienta e hicimos con ella nuestra primera obra, y vimos que era bella porque era nuestra, la hicimos nosotros, y la amamos como solo se puede amar a un hijo. Mas el inconsciente miedo lunar a perderla, o que alguien o algo pudiera arrebatárnosla, nos llevó a protegerla y construir cobijo en torno a ella. Con la primera piedra de esa muralla con que la rodeamos fue que comenzamos a construir nuestros altares y fundamos e hicimos crecer así, indefinidamente, nuestro humano infierno. Quizá en ese ejercicio que quisiera que realicen, el del imaginar y enfrentarse a ese terror pre-existente, les permita a ustedes despertar ahora a un nuevo nivel de la consciencia más amplio desde el que puedan descubrir el cómo deconstruir ese infierno humano que heredaron, y en el que puedan nuevamente despertar y volver a ser seres sensibles, inteligentes, libres, nuevos, recién humanos; o quizá tan solo vuelvan a replicar el antiguo infierno nuevamente, valga la lunar redundancia, y su vida siga como fue hasta ahora: profundamente dormidos y soñando inmersos en los tibios e infernales pantanos de la Luna. Pues no puedo yo, y nadie puede, decir o garantizar cuál de las dos será, ya que el primer impulso hacia a, parte de cada uno. Y solo luego de haber enfrentado el propio y particular infierno, esas trabas auto-impuestas que lo han hecho tan y tan querible.

 

privadoLo mío, lo tuyo, lo propio, el sentido de propiedad y su magnificación son el motor del egoísmo. Una deformación de la energía Solar -sentido de ser, auto conciencia y Ego-, producto del filtro que usamos para percibirla desde la conciencia Lunar en que nos encontramos sumidos. Baste decir, para percibir el globalizado predominio de la importancia que damos al derecho de propiedad, el texto de las leyes que hemos dictado para garantizarnos Libertad e Independencia en todas nuestras naciones y culturas: El derecho a, y la protección de, la propiedad privada con rango Constitucional. Naciones y Culturas, Países. Como entidades individuales que son estas diferentes colectividades, tienen también su propio derecho de “propiedad privada” a la que llamamos “Propiedad Pública”, para diferenciarla de la otra. Mas esta propiedad pública, en su más amplio espectro, y su efectiva administración, es concebida como una entelequia inaccesible de un modo verdaderamente práctico, razón por la que hemos ideado diferentes formas de concebirla y ejercerla provisoriamente que desembocaron en la creación de los diferentes modos y acciones en el orden de lo llamado verdaderamente político (del griego polis: ciudad, estado, aquello que implica muchos), y hemos desembocado decía, tras largo trajinar, en lo que denominamos idealmente como la Democracia (también del griego: el gobierno de y para todos). Un modelo ideal con funciones ideales que de funcionar adecuadamente, valga la redundancia, sería simplemente perfecto. Mas el defecto principal del que adolece este modelo, es que las funciones son ejercidas aún por individuos egoístas que erróneamente creemos funcionales a la misma democracia y no a sus privados intereses. Es curioso, pero no elevamos a esos cargos a quienes en verdad sirven para ellos, y aún en contra su propia opinión, sino solo a cualquiera de aquellos que se postulan a ocuparlo y que invierten sus verdaderas fortunas privadas en las campañas electorales previendo ganar mucho más con lo que recaudarán en el cargo. Desconfío yo, así pues y primeramente, de todo aquel que no es impuesto por el clamor popular y que en su discurso deslice alguna vez la frase: “Yo quiero ser Presidente... (Gobernador, Alcalde, Intendente, Senador o Diputado, o Concejal o etc., etc., etc.). Será por ello que los períodos electorales me provocan siempre tanto desasosiego y tan profundo desespero de que una verdadera democracia alguna vez exista. Hoy día solo tenemos, aquí y en cualquier parte del ancho y redondo mundo, una dormida democracia de y para dormidos individuos, gobernada por dormidos funcionarios egoístas que buscan realizar su propio y privado sueño y no el de la necesidad de todos.

 

UNOTema principal y razón, de ese gobierno de todos, es el de combatir el Infierno de todos. No tanto ese que teme el animal sino ese mismo y ficticio infierno humano que psíquicamente nos hemos construido nosotros mismos. Su propio instinto de supervivencia y sus mecanismos Lunares inconscientes, hacen que para seguir viviendo ese organismo de todos tienda finalmente a replicarlo, y a perpetuarlo con el inconsciente fin de perpetuarse así a sí mismo. El Terrorismo de Estado es una de sus facetas de expresión más siniestras, dolorosas y oscuras. Aunque otra muestra de su encubierta preferencia en tanto a qué infierno prestar atención primero y siempre, es el reciente evento “Fukuyima”. La defensa de los intereses económicos privados prevaleció, se permitió que se pusiera en riesgo a la propia sociedad ante el menor chubasco, el que por haberse emplazado el complejo nuclear en el lugar en que lo fue, a no dudarlo, alguna vez sucedería. La compañía de Energía, un interés privado, pensó en sus propios beneficios y no en la gente. El funcionario de estado que lo autorizó, también. Saltemos aún a una escala mayor de cuerpo “individual” de colectivos, para ver replicado la misma dinámica en sus mecanismos inconscientes; observemos desapegadamente al organismo máximo de asociación humana: La Organización de Naciones Unidas (UNO – por sus siglas en Inglés), su propio proponer, accionar y reaccionar, el quiénes la conducen y para qué. En teoría es la unificación de criterios entre todos los países del mundo para lograr el desarrollo y el bienestar común. En teoría nadie, ninguno de sus miembros puede cuestionar sus decisiones, ni incumplir con sus resoluciones pues el hacerlo equivaldría a la expulsión y el inmediato inicio del estado de beligerancia por parte del resto de los miembros con el descarriado. Cualquiera puede ver que ésto es solo una teoría y no una práctica. La Función de Dirección del organismo está a cargo de un Secretario General, el que se renueva periódicamente por votación “Popular” entre todos los países, mas vemos que el poder real es ejercido por su Consejo de Seguridad Permanente cuyos miembros no se renuevan nunca, y que aunque no pueden vetar una resolución general, pueden de hecho incumplirlas individualmente con total impunidad sin que les suceda absolutamente nada. La propuesta de este organismo general es la de propender hacia la unión, primero económica y luego política y totalmente efectiva, entre sus miembros: Un Gobierno Mundial. Propuesta que se exhibe y nomina públicamente como: El Nuevo Orden, pero en realidad es demasiado evidente de que se trata del mismo viejo modelo más concentrado, y por suerte mucho no prospera. Notemos pues, como al extremo de todas las cadenas de asociación que hemos visto se encuentra la defensa última de un interés privado de algún tipo el que, por definición, se contrapone a lo compartido, lo público, al derecho de todos. Claro y evidente ejemplo de un mecanismo Lunar inconsciente que propende a la exclusión. Lo que se extrae de ello, de modo evidente, es que no hemos avanzado como Sociedad como causa de no haber avanzado mucho aún, y mayoritariamente, a nivel individual. El hecho psíquico sin lugar a dudas es el mismo, aunque luego parados en el mismo sitio como estamos nos engañemos diciendo que como sociedad hemos avanzado.

 

holoSi interpolamos todo ello a un holográfico nivel personal, podemos conscientemente reconocer en nuestro propio proponer, accionar y reaccionar, a quién verdaderamente nos conduce internamente y para qué, en nuestro cotidiano interactuar y devenir; y percibir allí, interna e incuestionablemente, la operación de la misma dinámica no solo en el modo de establecer nuestra vincularidad con el mundo, sino también en nuestro modo de establecer cualquier tipo de asociación con un otro, ya que éste mecanismo inconsciente de la reacción Lunar, de manera habitual, es quien está al mando. Es sano y sabio reconocer primeramente que en nuestra propia UNO interna la dirección no está efectivamente al mando de nuestro despierto funcionario don Función Consciente (el Sol real), ya que su puesto es ocupado por una deformación de la misma energía solar pobremente plasmada en la sola imagen de un perpetuamente disfrazado de buena persona, dormido e inoperante, y que el poder de decisión efectiva la tiene nuestro interno Consejo de Seguridad Permanente, antes que se pueda iniciar la tarea del modificar ese mismo estado de las cosas. Reconocer-Asumir inicialmente para poder ver la necesidad o no del modificar conscientemente un comportamiento inconsciente, implica ya en sí mismo un mayor grado del estar despierto. En nuestro modo externo tendemos hacia lo mismo en toda asociación de cualquier orden, y las ejecutamos mediatizando la energía zodiacal que nos llega a través de nuestra Luna, de su acción consciente y de sus mecanismos inconscientes. Lo hacemos con el fin de agradar e inmediatamente apelamos a aquello por lo que se nos reconoce como mejor para ganar el favor de un otro. Utilizaremos el ingenio, la locuacidad y el jugueteo si ella se encuentra en Géminis; nuestro centrado y original histrionismo y capacidad para el drama, si se encuentra en Leo; nuestra marcada iniciativa y franqueza si se encuentra en Aries; y nuestra profunda ternura si está en Cáncer, y así sucesivamente; desplegando ante sus ojos nuestros tesoros más hermosos, más allá de lo que la necesidad exija en la circunstancia de nosotros, disfrazando así a nuestra dormida Solaridad con un traje amable y querible, deseable en términos de la propia seguridad. Mas defenderemos la seguridad de esos mismos y privados intereses a como de lugar, usando las mismas armas en su contrafilo cuando se oponga a ella la energía contraria que proyectamos en el otro, o en el entorno, ya que la vivenciamos como aquello que nos atemoriza profunda e inconscientemente: Nuestro Humano Infierno heredado y ampliado con aquel que individualmente nos hayamos construido. La vulneración de los límites que hemos impuesto a ese infierno, disparará los mecanismos inconscientes que reconstruirán más sólidamente esas murallas, reforzando así esos mismos mecanismos y dándoles preferencia de acción al mantenerlos tan perfectamente aceitados. Esta energía Lunar tan inconscientemente ejercida se erige en el motor no de nuestra acción, sino de la reacción y adquiere así el mando.

 

TiraníaLa satisfacción de las necesidades primarias adquiere aquí un gran interés. La obtención de los medios de subsistencia, su preservación y la seguridad garantizada, son objeto de la manipulación consciente o inconsciente de cualquier organismo a nivel Lunar sin importar su escala. Observen a su alrededor aquello que exigimos popularmente a nuestros dirigentes políticos y que invariablemente figura como una promesa de satisfacción en sus discursos si no, pero al mismo tiempo también veamos que permitimos, por comodidad, que nos manipulen con el fin de reconstruir y perpetuar el infierno que esos mismos intereses satisfechos eliminarían. Al vulnerar los intereses privados, personales o de un muy acotado conjunto (nivel Familiar-Tribal-sectario de la Luna), nunca serán efectivamente realizados. Así actúa, veamos, nuestra dormida democracia en concordancia con el ideal socio-económico impuesto hoy por la pulsión Lunar globalizada del Capitalismo, un otro nivel de egoísmo de un todo para mí. Solo basta abrir la ventana, encender la televisión o leer el periódico de vez en cuando con sincera distancia para poder ver lo antedicho claramente. La diferencia entre los denominados partidos de derecha e izquierda en la política, no es más que una diferente metodología de defensa de los mismos privados intereses basada en la exclusión o inclusión de aquellos que son considerados como partícipes con los mismos derechos. Mientras el ala de la derecha opta por el conservadurismo de una democracia aristocrática manejada y dirigida a y por pocos, la izquierda promulga una democracia inclusiva, amplia y popular. Ambas, ya lo había advertido Platón hace 2.500 años, desembocan inevitablemente en la Tiranía. La Tiranía Lunar, acotaría yo. La Tiranía es un rasgo egoísta por excelencia. Mientras que la derecha ya la practica abiertamente como su razón de ser en una acotada pluralidad, la izquierda popular cae inevitablemente en el personalismo, un mecanismo Lunar inconsciente que diviniza líderes, e infecta al funcionario ego hasta lograr dormirlo nuevamente transformando su energía de solaridad en egoísmo. Vean sino a los grandes ideólogos políticos y su personal comportamiento a lo largo de la historia. En ambos modelos el problema central yace en lo interno de los individuos, y los individuos, somos ni más ni menos que cada uno de nosotros. Hace falta pues despertar individualmente primero antes de poder lograrlo socialmente. El actual estado de las cosas lo impide, la Luna no está nunca dispuesta a permitir que exista en lo absoluto alguna revolución. Mas la revolución, más tarde o más temprano, sucede, y es la propia Luna quien suele provocar una ilusión de ella cada tanto para que efectivamente nada cambie.

 

sonámbulosVemos así que la función Lunar es al mismo tiempo, absolutamente necesaria y beneficiosa en tanto salvaguarda y satisfacción de las necesidades de la integridad del sistema si logramos ejercerla de manera consciente, pero que librada a su libre arbitrio inconsciente se vuelve un automatismo pernicioso en tanto evolución, ya que solo se vuelve capaz de modificar radicalmente los niveles biológicos del Ser como producto del adaptarse a los embates del Infierno Primigenio de la inconsciencia animal para lograr su supervivencia. De hecho si sucede una glaciación, aún redoblará la replicación de pelo en el cuerpo del animal para hacerlo más tupido y así poder soportarla en lugar de generar un manual de alta costura para los Mamuts. Nosotros somos, en teoría al menos, un tipo de mamífero enteramente novedoso. No tenemos pezuñas, garras, dientes o cuernos como herramienta indispensable, sino consciencia, arte y volición para construirnos aquella que creamos necesaria para dar así una respuesta más rápida de adaptación que la Darwiniana de los millones de años. Esa consciencia, arte y volición se encuentra aún en las fases iniciales de su desarrollo, y arrastran inconscientemente en sí los mismos mecanismos que garantizan la supervivencia en el infierno animal replicados en aquel infierno que psíquicamente se ha construido, impidiendo así su desarrollo y avance. Hoy día ese ficticio infierno ha crecido enormemente, aunque aún no es enteramente capaz de provocar una reacción consciente que dispare un cambio original logrando una mutación en la especie. El tamaño del Infierno Humano es enorme, sí, pero aún no lo suficiente para que todos podamos ver claramente que se trata de una construida ilusión, de una pesadilla en verdad, solo un mal sueño que proyecta nuestra Luna mientras nos mantiene cómodamente aletargados, profundamente dormidos. Actualmente, solo tenemos la posibilidad de soñar buenas ideas y, con suerte, tratar de ponerlas en práctica en un mundo de sueño ilusorio al que creemos real, como la democracia por volver al ejemplo, porque vemos que su realización efectiva solo puede ser llevada a cabo por seres enteramente despiertos. Intentar hacerlo entre dormidos, como hacemos ahora, solo puede dar como resultado una cada vez más inconsistente ilusión que se diluirá en esa misma sustancia del soñar sujeta como está a nuestras repetitivas reacciones inconscientes generando un inmediato olvido de todo lo nuevo, asesinando así cualquier posible futuro diferente. Lo mismo podemos decir de aquello que atañe a lo interno-individual de cada uno.

 

despertarNos encontramos pues, atrapados en un modo de consciencia egoísta propiciado por lo Lunar, y no en un modo de vigilia consciente del ego propiciado por lo Solar. El ego en tanto ego se reconoce a sí mismo como parte primero y no como totalidad. El ego se reconoce solo si puede verse reflejado en otro igual, y solo así puede avanzar en el conocimiento pleno de lo que verdaderamente es y lo distingue dentro del cuerpo mayor que conforma en un conjunto, siendo Sí-mismo. No importa finalmente si célula hepática, cardíaca, neurona u otra de ese cuerpo, en cualquier caso consciente de ser necesaria para la supervivencia de la totalidad, y ni más o menos importante que las otras. Pero los ejemplos en contrario pueden verse por doquier, y no verlos equivale más a un estar muertos que dormidos, paradójicamente vivos aunque insensibles. La sutil diferencia entre el estar despierto y el estar dormido, es lo que genera uno u otro modo de consciencia en el percibir el mundo. La consciente diferenciación entre los infiernos heredados y aquellos psíquicamente construidos son solo el primer paso en cualquier tipo de despertar. Como el que cada mañana nos acontece, cuando podemos diferenciar que no es el sonido de las armas extraterrestres de nuestras pesadillas que nos atacan, sino el trinar de un ave o el reloj despertador lo que está sonando. Poder deconstruir conscientemente el ilusorio infierno que inconscientemente hemos creado, nos permitirá ver detrás de él el paraíso en que vivimos. Podremos efectivamente así obrar en consecuencia y lograr pleno disfrute de todos sus dones particular y colectivamente, pero mientras sostengamos la creencia de la existencia de elegidos o de paraísos exclusivos, más lejos estaremos de alcanzarlo. Debemos reconocer también que deconstruir ese infierno no nos transformará en ningunos ángeles de luz, ni en almas puras o siquiera en más buenitos, seremos diferentemente diferentes siendo tan igualmente iguales si se quiere; nos volverá sí, mejores a todos, más humanos, más libres y de seguro más despiertos, lo que no es poco, y quizá tan solo por ello merezca ya la pena el conscientemente al menos intentarlo.