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Plutón en Capricornio: Los Remozados Jinetes del Apocalipsis.

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Dicen que se debe ser un buen vecino para vivir en Paz y Armonía, y ésta parecería ser una verdad de perogrullo por ser demasiado obvia, pero pareciera que solo rige para los hombres y no para los Estados. Francia, como tantos otros, es una excepción a ésta máxima tan tonta pues prefiere llevarse mejor con sus pequeños y mezquinos vecinos con el fin de acumular poder económico y bélico, y desdeñar al más noble y grande de todos ellos tratándolo con desprecio sin saber que es el único que puede llegar a salvarla de la peor catástrofe financiera de su historia. No hablo de Alemania, ni de Italia, ni Bélgica, Suiza o España, como cualquier persona poco avispada podría llegar a pensar, sino de aquel país que comparte su frontera más extensa con ella y que es inmensamente mayor que la suma de todos ellos: La República Federativa del Brasil. Alineada con la hegemonía Imperial, prefiere llevar sus asuntos no por medio de la diplomacia y las buenas costumbres, sino de la guerra.
Alejandro Fau | Plutón en Capricornio: Los Remozados Jinetes del Apocalipsis.

“Las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas.”
Woody Allen.



El territorio más alejado de aquel mal llamado Continente Europeo, es la Guayana Francesa. Un territorio colonial del que casi nadie habla, aunque casi todos saben que Kourou es la ciudad sede de la plataforma de lanzamiento espacial desde la que la ESA (Agencia Espacial Europea, por sus siglas en Inglés) se proyecta hacia el espacio exterior. Kourou, es la joya tecnológica que engalana la corona imperial europea. Frente a sus costas, mar territorial adentro, se encuentra también otra joya imperial de la que actualmente se habla aún menos todavía pues es una verdadera joya negra, la Isla del Diablo, famosísima, históricamente al menos, sede del presidio de alta seguridad más cruel del Imperio Napoleónico por la que el territorio de Guayana permaneció fuera de las conversaciones en la “Liga de las Naciones” (antecesora de la ONU), de los incipientes comités de descolonización en el Continente Americano del Siglo XIX y del Consejo de Descolonización del Siglo XX, ya en la ONU. Es ella la triste antecesora de la actual Guantánamo. Hoy, en pleno Siglo XXI, el silencio al respecto de este enclave extraterritorial de la Unión Europea es casi absoluto, pues es la estratégica cabeza de playa continental desde la que atacar a los países de la región en un eventual conflicto bélico. Pero si hablamos de estrategia militar no podemos dejar de nombrar la base imperial más austral, se trata de las Islas Malvinas (o Falkland Islands, según ellos), que constituye el mayor enclave militar estratégico en el hemisferio Sur del planeta. Desde hace 179 años este territorio es ilegalmente usurpado a la Argentina por Inglaterra pese a los reclamos incesantes ante las Naciones Unidas por su restitución y desoídas todas las resoluciones tomadas en el Consejo General y de seguridad por el Reino Unido de la Gran Bretaña haciendo gala de su completa impunidad en cualquier foro. Los enormes recursos pesqueros e hidrocarburíferos presentes en la zona, más la posibilidad a partir de allí de reclamar territorios en el continente antártico, complican aún más las posibilidades sobre un cambio sustancial en el actual estado de las cosas. Vivimos hoy en un mundo sumido en la peor crisis financiera de la que la historia de la cultura humana tenga noticias, y la posesión de los recursos naturales y del poder bélico son claves para garantizar la supervivencia de la hegemonía imperial en occidente y de sus estados subsidiarios. Paradójicamente, estos últimos se denominan a sí mismos como “Países Serios” y modelos de la ética, la moral ciudadana y del modo de llevar las cosas entre todas las demás naciones de la tierra aunque compulsivamente violen derechos territoriales, económicos y humanos con total impunidad. Quienes defienden esta carnavalesca máscara que pretenden imponernos los medios masivos de comunicación, propiedad nominal del aparato de propaganda imperial, es porque tienen egoístas intereses materiales en ello y pueden ser definidos clara y penalmente como violadores de los más elementales derechos humanos; pero quienes creen ciegamente esos argumentos solo por ser enunciados en la televisión o por estar publicados en los periódicos no pueden ser considerados como ingenuos, sino clínica y objetivamente como parte de la gran masa de severos disminuidos mentales que la lógica capitalista actual produce en serie en sus sistemas educativos dependientes para actuar solo como consumidores esclavos sin derechos de ninguna clase, y no como seres verdaderamente pensantes que aspiren a una superación de cualquier tipo ya sea individual o colectivamente.

los CuatroLos Jinetes del Apocalipsis son los cuatro caballeros que se describen en la primera parte del capítulo sexto del Apocalipsis del Evangelio de Juan, que se encuentra compendiado en el Nuevo Testamento. Se sabe que deben actuar juntos y coordinadamente para lograr su objetivo: El exterminio y la destrucción total de lo que es diferente. Aunque los famosos jinetes aparecen brevemente en el libro, su importancia radica en la cantidad de representaciones artísticas de la que han sido objeto (literarias, pictóricas, escultóricas, cinematográficas, etc.) y por la gran influencia que ello produjo sobre la mente colectiva inconsciente y la cultura occidental al ser expuestos a ellas durante bastante más de un milenio. El referido capítulo nos habla de un Libro o pergamino que sostiene la mano derecha de Dios y que está oculto su contenido protegido por siete sellos. En este escenario Jesús los abre y de los cuatro primeros sellos son liberados estos jinetes, los que montan en caballos blanco, rojo, negro y ceniciento (pálido) sucesivamente. De estos cuatro solo el último es llamado por su nombre: Muerte, pero de los otros tres no hay referencias claras en el texto sobre quienes son aunque sí sobre lo que harán. Del debate entre los exégetas de la Iglesia Cristiana durante varios siglos, nos damos una idea de la alegoría que éstos representan. Nos dice Juan en su relación: “Vi cuando el Cordero abrió el primero de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.” (Ap. 6:2) San Ireneo y San Juan Crisóstomo sostienen que el arquero montado sobre el caballo blanco es la triunfante propagación del Evangelio; una expansión que triunfa gracias al apoyo político. El padre Castellani lo deja claro al interpretar que en la Monarquía Cristiana, la Christianitas, el orden del regio poder romano es convertido a la ortodoxia cristiana. Portar un arco, un arma para alcanzar grandes distancias, es representación de lo que hicieron los reinos cristianos, apoyando y llevando la evangelización hacia los pueblos lejanos. O sea, el primer Jinete del Apocalipsis es: La Iglesia Apostólica. “Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.” (Ap. 6:3-4) Castellani y el papa Benedicto XV acuerdan en que este Segundo Jinete del Apocalipsis es: La Guerra. “Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.” (Ap. 6:5-6) Los teólogos no se ponen de acuerdo sobre si este Tercer Jinete es El Hambre, o La Avaricia del Sistema Comercial que la propicia, particularmente la segunda opción es la que me parece más clara y probable. El Cuarto Jinete, como ya dijimos anteriormente, es ya nominada en el texto: La Muerte. “Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.” Podríamos reírnos de éstas figuras alegóricas achacándolas a la imaginería fantasiosa de un alucinado, si no fuera porque estos Jinetes arquetípicos conforman la estructura intrínseca de cualquier Imperio pasado, presente o futuro.

GuerrasLas aventuras bélicas del Imperio moderno, nacido en el Siglo XVIII y heredero directo del Imperio Mercantilista implementado durante los Siglos XVI y XVII, son moneda corriente sin importar su religión o bandería, y actualmente son tan cotidianas y diversas que uno no sabe ya muy bien cada mañana al despertar a quién le ha tocado en suerte el ser expoliado de sus recursos ese día: si a Libia, Afganistán, Ruanda, Irak, Egipto, Nigeria, Sudán, Guatemala, Congo, o Pakistán, o etc., etc., etc.; solo si tenemos suerte sabremos que próximamente le tocará el turno a Siria, y que en apenas un poco más a Irán, y que después se volcarán fuertemente hacia el resto del África aún no conquistada y más tarde a la Latinoamérica toda. La industria de la guerra mueve la economía imperial en más de un sentido. La fabricación de armamentos es solo la parte más visible del negocio de la guerra, pero también están los contratos de reconstrucción de los territorios devastados una vez concluidas las operaciones, la apropiación de los recursos naturales, tecnológicos y humanos vernáculos, y el fenomenal mercado financiero que impulsa todo eso y que garantizará la esclavización de la población sobreviviente de por vida. Digámoslo de un modo más claro aún, la “Paz” no es buen negocio para el capitalismo globalizado actual, lo mismo que el combatir la pobreza o propiciar la instrucción y la cultura. Cuantos más pobres mejor, cuantos más ignorantes mejor, cuantas más guerras mucho mejor, pues a los ojos de la historia la guerra lo tapa todo. La falta de imaginación de la mentalidad imperialista ha hecho que siempre apelara al mismo recurso de la guerra para sortear sus graves y perpetuas crisis internas para evitar desmoronarse. Desde la actual lógica económica mundial, más propia de empresas corporativas que de países, no existe ya el concepto de “inversión en la capitalización social” que es el que debiera prevalecer en cualquier gestión de gobierno de comunidad humana y a cualquier escala que se la aplique, ya sea municipal, comunal, provincial, nacional, regional o mundial, y se la toma solo como un gasto más, y como tal, debe ser reducido al máximo. Podemos ver esta lógica replicada en la actualidad en los tipos de “medidas necesarias y urgentes” a que las son sometidos los países por presión de la acreedora banca internacional, y en las medidas políticas que se toman en el día a día en los estados gobernados por facciones neo-liberales que hacen crecer los recortes de salarios y jubilaciones, el desempleo, la suba de impuestos, la eliminación de los sistemas educativos y de salud pública y de protección a los sectores más vulnerables de la población, propendiendo así a una mayor concentración de la riqueza en pocas y selectas manos, y a pauperizar la calidad de vida de las mayorías. Pero la naturaleza, general y humana, tiene sus propios mecanismos de regulación más allá de las lógicas que pudieran ocurrírsenos. Los Sistemas hegemónicos colapsan de modo recurrente por su propio peso o por las revoluciones que, aunque no se esperen o se quieran, siempre suceden. Es Plutón transitando por Capricornio quien históricamente nos habla de las causas fácticas por lo que ello pasa, y es transitando por Acuario cuando la sorprendente transformación sucede. Siempre y cuando no nos suicidemos como especie antes, claro.

patrocinadoresLas artes de la guerra y sus mecanismos de destrucción han evolucionado a pasos de gigante, mientras que las soluciones en mejoras para el bienestar humano lo han hecho a paso de hormiga. Antiguamente las guerras duraban muchos, muchos años, algunas casi un siglo, como la famosa “Guerra de los Cien Años” que se dio por el dominio hegemónico de la vieja Europa. Pero actualmente, debido a los altos costos operativos que ésta acarrea, ya no es viable un estado beligerante demasiado prolongado en un lugar muy alejado porque llevaría a la ruina de quien la emprende. Las denominadas “Armas de Destrucción Masiva” son caras y peligrosas de manipular, además, estos monstruosos ingenios no solo destruyen la vida del enemigo sino que inutilizan durante décadas las riquezas que pretenden apropiarse por lo que se prefiere no utilizarlas. Es ingenuo creer que no se utilizan por cuestiones altruistas, solo se lo hace por cuestiones económicas ya que es necesario amortizar los gastos lo más rápidamente posible para poder estar en condiciones de abrir otro frente cuanto antes. Es por ello que la ciencia crece a impulso de satisfacer estas oscuras necesidades imperiales con preferencia por sobre otras intenciones más luminosas y nobles. Es así que se han desarrollado toda una batería de ingenios que procuran la eliminación combativa del enemigo en caso de guerra, y de generar dependencias insustituibles para su sostenimiento económico en tiempos de paz. Nada hay más contrario a los intereses imperiales que el desarrollo de tecnologías propias o de auto abastecimiento en cualquier área, no solo militar, por parte de las naciones supuestamente independientes. A esta lógica responden las pretensiones imperiales de acaparar la biotecnología de la producción de alimentos y energía, la imposición de leyes de patentes sobre los fármacos, y el que la legislación internacional esté por debajo de sus acciones unilaterales de control de las telecomunicaciones entre tantas otras cuestiones de índole civil. Éstas son muy evidentes pero vale la pena recordarlas, como así también aquellas manipulaciones que por ser mucho más sutiles nos pasan muchas veces inadvertidas por la veloz naturalización que hacemos de ellas: La imposición de la moda; los contenidos televisivos,  cinematográficos y artísticos; lo que es considerado moderno u obsoleto; lo que es educación y lo que es barbarie; lo que vale la pena conocer y visitar y lo que no; lo que es sano y lo que es enfermo; y, finalmente, lo que es y no es agradable, amable, codiciable o necesario. Para lograr esta hegemonía cultural y económica que sin dudas derivará a un nuevo Apocalipsis social, el Jinete de la Guerra necesita de sus otros dos invaluables aliados en su moderna tropilla: La Banca y el Aparato Religioso.

come-cocoPara el sometimiento efectivo de una población es preciso evitar las rebeliones locales de cualquier tipo. Claro que siempre puede recurrirse al viejo sistema de moler a palos a los descontentos, o de asesinar a sus referentes y cabecillas. Hoy en día es preferible evitar esos comportamientos que tan mala propaganda hacen de la imagen imperial, y es mejor tomar previsiones al respecto. El dominio de su economía garantizará la falta de recursos para impulsar cualquier revuelta en estas hambreadas sociedades, mientras que la eliminación de su cultura originaria por medio de la manipulación e imposición de una religión dominante que garantice la falta de una educación libre que las vuelva permeables a las ideas necesarias, logrará en ellas la incapacidad de evaluar adecuadamente sus realidades más básicas. No te olvides nunca, pero nunca, que nada hay más revolucionario y subversivo para cualquier régimen totalitario que el humano ejercicio del pensar. Es aquí donde el resplandeciente jinete blanco entra en acción. El Aparato Religioso aporta ayuda invaluable en este sentido, perméa los sistemas políticos legitimando sus acciones y domina por completo las estructuras judiciales minimizando cualquier reclamo y amparando una conveniente impunidad. Su aceitado accionar en la manipulación de masas logra implantar valores ideales inaccesibles que canalizan y perpetúan los esfuerzos por la superación logrando que naufraguen siempre quienes los sigan. Al haberse apoderado históricamente del conocimiento y su distribución durante siglos y siglos, ha generado estructuras educacionales en el seno de las naciones que ciegamente responden a sus directivas de entorpecimiento compulsivo y la disuasión del ejercicio del pensamiento independiente y creativo en las poblaciones conquistadas. Sus condenas y prohibiciones absurdas del normal comportamiento humano siembran el sentimiento de culpa y el miedo en el inconsciente colectivo, fomentando el consciente oscuro deseo de transgredir sus mandatos impulsando de ése modo el accionar egoísta del mercado, abriéndole y facilitando el paso al dominio ejercido por el Tercer Jinete. Sobre el papel de la Banca y la imposición de sus Sistemas Económicos hemos escrito y desarrollado bastante en muchos otros artículos y no vale mucho la pena insistir sobre ello, sobre todo cuando cualquiera puede darse ya cuenta viendo las noticias y deducir por sí mismo que el poder real de un país no lo tienen los políticos sino quienes los financian, y que las reglas de sustentabilidad humana no las imponen las necesidades de las poblaciones sino la de los beneficios que obtienen los mercados. De Enero a Enero el dinero es del banquero, decía mi abuela haciendo gala de una síntesis de comprensión notable pese a haber sido analfabeta toda su vida.

Imperial-WarLa tecnología nuclear ha cobrado un impulso y aceptación impensable hace medio siglo, en que solo se la veía como la terrorífica arma que destruyó dos ciudades japonesas en un abrir y cerrar de ojos pero que sesgó la vida de cientos de miles a lo largo de muchos años por sus efectos residuales. En un mundo ávido de energía la producción núcleo-eléctrica se ha propalado con una velocidad pasmosa. No solo para el consumo industrial y hogareño sino también, gracias a la miniaturización segura de los reactores, para impulsar embarcaciones de superficie y submarinas militares, como así mismo para lograr velocidades de espanto en revolucionarios ingenios de navegación interplanetaria. El lado oscuro de este prodigioso desarrollo es la miniaturización de las armas de destrucción masiva. Hoy día podemos hablar de bombardeos nucleares “quirúrgicos” capaces de borrar literalmente del mapa pequeños sectores territoriales sin afectar en demasía los invaluables recursos cercanos. Casi cualquier máquina bélica moderna, sea terrestre, naval o aérea, está capacitada para portar armamento nuclear. Cualquier ingenuo podría argumentar que actualmente existen tratados y legislación internacional que impiden la utilización de dicho armamento, y es verdad, pero en tiempos de guerra las primeras víctimas son siempre la verdad, el derecho y la legalidad; y, actualmente, aunque nadie hable mucho sobre ello abiertamente, todos estamos bajo un estado formal y en toda regla de una guerra que no elegimos. Estamos en guerra desde que el Imperio, en la figura y la voz de George W. Bush Jr., declaró formalmente la Guerra Global Contra el Terrorismo. ¿Pero quiénes son estos indefinidos “terroristas” que el imperio combate? Pues, indiscriminadamente cualquiera que se oponga a sus deseos o intereses. Bajo este supuesto el imperio puede atacar preventivamente a cualquier nación; ingresar ilegalmente a cualquier país soberano y asesinar a cualquier individuo y salir a festejarlo por las calles como si hubiese ganado un campeonato deportivo de categoría mundial llamándolo, impunemente, un legítimo acto de justicia; o el secuestrar a cualquier ciudadano de y en cualquier país del planeta, torturarlo y mantenerlo encerrado por tiempo indeterminado sin acusarlo formalmente de algo privándolo del derecho a un juicio y a defensa legal o amparo de algún tipo, y todo, sin que absolutamente nadie pueda alzar la voz para oponerse como de hecho ya sucede. En mi país, en mi barrio y en mi esquina esto se llama lisa y llanamente: Sanguinaria Dictadura, aunque el asesino dictador se defina a sí mismo como el campeón de la libertad y la democracia. ¿Hasta cuándo podrá mantenerse este mismo estado de las cosas sin que colapse? Históricamente durante muy poco tiempo en verdad. Si afinas el oído escucharás el trepidante sonido de los cascos en todas partes. Plutón ingresará en Acuario dentro de tan solo doce años, y no hace ninguna falta que ahora mismo tú me creas, pues podrás ver por ti mismo cómo el derrumbe sucede. Confío en que sabremos transformar y perdurar, antes de que el Jinete Pálido reclame su cosecha definitiva.

1 Comentarios

graciella (8.Feb.2012 @ 22:58 gmt) dijo,
Impresionante, profundo, claro y absolutamente cierto.