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Astronautas... humanos al fin y al cabo.

Astronautas... humanos al fin y al cabo.
No es fácil lidiar con el inodoro y con la falta de una buena y larga ducha o con la prohibición de los desodorantes. El transbordador Discovery, que partió el 31 de mayo rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI), llevó, además de una tripulación de siete personas y de un laboratorio para proseguir con la investigación científica, algo prosaico: una bomba de succión de residuos líquidos para el sanitario.

La pieza de repuesto hubo de viajar desde Rusia hasta Florida (EEUU) y la misión, que lleva lo estrictamente necesario, tuvo que hacerle lugar. Para dar una idea de la importancia de un baño en la EEI, donde viven dos rusos y un estadounidense, hay que aquilatar las palabras de un responsable de misiones espaciales humanas, Vladimir Soloviev: ´Tenemos un problema con el sistema de drenaje. Es un incidente serio. En estas circunstancias, incluso podríamos proceder a una evacuación de urgencia (de la tripulación)´, citó sus temores la agencia Interfax.

Ocurre que, aún en órbita, a 350 km de altura, las necesidades humanas más ´bajas´ tienen su propio peso. O un peso mayor, si cabe, que en tierra, donde se podría hallar soluciones frente a un baño averiado, mientras que en el cielo esto se hace cuesta arriba.

El transbordador que se acopló exitosamente a la EEI el lunes, entregó el repuesto. Con lo que los ´astroboys´ dejaron, por el momento, de acarrear agua rumbo al inodoro.

´Es desafortunado que estemos hablando de inodoros, pero esto realmente es la vida, el futuro de la exploración humana en el espacio´, expresó Kirk Shireman, subgerente del programa de la ISS, en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston,

Texas. ´Cosas como ésta continuarán sucediendo en el futuro. Trataremos de minimizarlos por supuesto, pero esto es parte de tener humanos viviendo fuera de la superficie de la Tierra´. Sheriman, a diferencia de su colega ruso, manifestó que ´hasta este momento, incluso en el caso del peor escenario, no creemos que la ISS sea forzada a una situación de desalojo por esto´.

La ISS puede usar el inodoro del transbordador en tanto éste siga acoplado a la Estación hasta el 11 de junio, mientras bolsas especiales para colectar la orina están también disponibles, dijo.

Por suerte, deshacerse de los desechos sólidos no ha sido un problema, ya que esta parte está funcionando bien.

El aseo personal

Lo que un ´terrícola´ no astronauta debe comprender es que el glamour de las naves espaciales del cine no tiene mucho que ver con una real. Steve Frick, comandante del transbordador Atlantis, que regresó en febrero de la EEI, explicó que los astronautas deben convivir en cubículos reducidos donde la necesidad de una ducha se sacia con una buena toalla mojada.

Frick permaneció 12 días y 18 horas en la estación, tiempo más bien corto comparando con otras misiones que se extienden hasta seis meses. Pero en cualquier caso, el comandante ya tiene su método para estar a gusto. ´Cuando siento que necesito ducharme, tengo que recurrir a una toalla mojada... al menos tengo un champú líquido´, con el que se limpia la cabeza y que tiene que remover luego no muy fácilmente con la misma toalla.

Al tratarse de un espacio reducido y compartido —en la misión del Atlantis viajaban siete personas, las mismas que en el Discovery— no es menor la necesidad de mantener un ambiente agradable.

´Los malos olores en lugares tan pequeños son algo muy molesto´, indicó Frick, quien señaló que no pueden llevar al espacio perfumes ni fragancias, y deben ocuparse antes de despegar de no tener a bordo nada de lo que luego se arrepientan y que obligue a ´disparar un sistema de purificación de aire´.

La NASA proyecta el retorno del hombre a la Luna antes del 2020, y que para ello reemplazará desde el 2010 a los actuales transbordadores por una nueva versión de cohetes. Con datos de AFP, EFE

Kibo, el laboratorio espacial

Catorce días durará la misión del Discovery en el EEI, luego de su exitoso acoplamiento del lunes dirigida por Mark Kelly. Los astronautas Mike Fossum y Ron Garan salieron al espacio el martes para instalar el laboratorio japonés Kibo en la estructura orbital.

El laboratorio se ha sumado al módulo Columbus de la Agencia Espacial Europea. Mide 11 metros de largo, pesa unas 14,5 toneladas y tiene dos ventanas, un brazo robótico y su propio compartimiento de presurización. Cuenta con 23 plataformas para investigaciones sobre medicina espacial, biología, observaciones de la Tierra, producción de materiales, biotecnología y comunicaciones.

Cuando Kibo esté totalmente ensamblado, se habrá completado un 71% de los trabajos de la EEI y quedarán siete misiones de construcción pendientes.

Los otros tripulantes son Greg Chamitoff, Ken Ham, Karen Nyberg y el japonés Akihiko Hoshide. Chamitoff se quedará en la estación durante seis meses y reemplazará a Garrett Reisman. Washington y Moscú, EFE y AFP