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Los otros meteoritos charros

Los otros meteoritos charros
El pasado 11 de julio de 2008, un trozo de meteorito al parecer procedente de Júpiter entraba en la atmósfera de la Tierra a la altura de Béjar. Hace unas semanas los científicos certificaron su presencia y ahora una expedición de científicos, encabezada por miembros de la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoritos, rastreará en abril el norte de Cáceres en busca de los restos del cometa. Sin embargo, no es la primera vez que objetos procedentes del espacio exterior caen en territorio charro.

Ya en 1730, Diego Torres Villarroel, catedrático de matemáticas de la Universidad de Salamanca, dejó escrito que "a las once y treinta minutos de la noche observé desde el horizonte salmantino, en la parte meridiana, entre el signo de Cáncer y el León, y parte de la constelación de Virgo, un estupendo globo de fuego, tan soberbio como el edificio más suntuoso de la Corte: estaban dos colaterales a este promontorio dos ráfagas". Así lo reflejó en su obra 'Juicio, pronóstico del globo, y tres columnas de fuego, que se dexaron ver en nuestro orizonte español'.

Más reciente en el tiempo fue el caso de la finca Cuéllar en Gallegos de Argañán, como refleja el libro 'La cripta sellada' de Ángel del Pozo. El 29 de abril de 2001, uno de los cuidadores del ganado, Yuri Andreyev, observó tres grandes objetos con una misteriosa neblina, provocando una serie de agujeros en el suelo, hasta ochenta, con unas dimensiones que oscilaban entre los 10 y los 25 centímetros de profundidad y entre 8 y 20 centímetros de diámetro. El informe de la Guardia Civil fue publicado posteriormente por Íker Jiménez, con las siguientes conclusiones: "Que es poco probable que los agujeros sean producto de pisadas de animales, que algunas de las huellas guardan una simetría perfecta, que la tierra es compacta en su interior".