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El huerto de los astronautas

El huerto de los astronautas
Los primeros astronautas que se aventuren a viajar a Marte necesitarán transportar oxígeno, agua, comida y otros suministros necesarios para sobrevivir durante al menos tres años, que es el tiempo mínimo para una misión de ida y vuelta con la tecnología actual. Si se trata de seis u ocho personas, una tripulación razonable, el peso podría ascender fácilmente a más de 30 toneladas. ¡Imposible! Deberemos esperar varias décadas hasta que los humanos sean capaces de fabricar naves espaciales con capacidad para tamaño transporte.
¿Qué opción hay? La única factible es reutilizar los residuos orgánicos, incluidos los excrementos y el aire de la respiración, hasta crear un circuito cerrado sin apenas pérdidas. Es decir, Melissa. Los astronautas serán los actores protagonistas, pero bacterias y plantas tendrán un papel fundamental.

El proyecto Melissa, inaugurado el jueves en la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), es el primer laboratorio que intenta reproducir este mundo del reciclaje total y evaluar las mejores tecnologías para la obtención de oxígeno y alimento. Melissa podría definirse como un germen de los huertos que los astronautas deberán llevar en sus naves, aunque los tripulantes sean por ahora 40 ratas aventureras. "Equivalen a un humano en cuanto a necesidades de oxígeno", explica Francesc Gòdia, catedrático de la UAB y director del proyecto. Melissa es una iniciativa de la Agencia Europea del Espacio sufragada por los miembros de la organización, incluida España.

Colonias de bacterias
El laboratorio está formado por cinco compartimentos cerrados que se comunicarán cuando el sistema esté a pleno rendimiento. En el primero, un reactor de 100 litros de capacidad, se sitúan unas colonias de bacterias anaeróbicas --que viven sin oxígeno-- capaces de degradar los excrementos y transformarlos en ácidos grasos volátiles, minerales y amonio. Los residuos generados son transportados a los compartimentos siguientes, donde nuevas bacterias, ahora fotoheterotrofas y nitrificantes, hacen sendos reciclajes y convierten lo que una vez fueron heces en nitratos.
La cuarta fase, mucho más visible para el visitante, está estructurada en dos instalaciones. La primera son unos grandes tubos transparentes poblados por cianobacterias, las llamadas antiguamente algas verdeazuladas, que toman los nitratos y producen oxígeno. En la segunda hay lechugas, auténticas verduras de huerta --aunque hidropónicas, puesto que no crecen en el suelo, sino en una solución salina-- que realizan el mismo proceso fotosintético. Obviamente, además de producir oxígeno, también generan agua y pueden servir de alimento.

Y
volver a empezar
El último paso son las ratas, la ficticia tripulación, que asisten tranquilas al ir y venir de personas en bata de laboratorio mientras expelen aire con una mayor concentración de CO2, que alimenta a las plantas y las algas, y también orina, que nutre a las bacterias nitrificantes. Los roedores tendrían que comerse las lechugas y generar nuevos excrementos, pero este complejo paso se dejará para más adelante. "Por ahora, Melissa solo se empleará para evaluar la producción de oxígeno", precisa Gòdia. Si el proyecto se desarrolla de forma satisfactoria, las ratas dejarán de comer pienso y se alimentarán de los productos de la cosecha vegetal.
Melissa no reproduce a la perfección un huerto espacial --por ejemplo, no tiene en cuenta la ausencia de gravedad-- pero sí es un paso fundamental que nunca se había dado. "El proceso completo es muy largo y complejo --dice Gòdia--. Habrá incluso un transporte de prueba a la Estación Espacial Internacional".
Según Enrique Peiro, responsable técnico de la planta, la reconversión total de los residuos sólidos en alimento es sumamente compleja, pero sí se puede aspirar a porcentajes muy elevados en cuestión de oxígeno. La energía y la luz que precisan las plantas --ahora se emplean focos-- no parece un grave problema en un viaje espacial, pero sí se tendrá que reducir el gran peso de algunos equipos. Marte puede ofrecer agradables sorpresas, como agua del subsuelo, pero es mejor ser realista y optar por la autosuficiencia.