También Hubo Sistemas Binarios Entre las Primeras Estrellas del Universo
Estas estrellas proporcionaron las semillas para la formación de la siguiente generación de estrellas, de modo que conociendo mejor a esas estrellas arcaicas, también se podrá determinar mejor cómo se formaron las estrellas posteriores y las galaxias.
Para realizar este descubrimiento, los investigadores prepararon una simulación por ordenador extremadamente detallada sobre la formación inicial de las estrellas. En este universo virtual esparcieron materia oscura y gas primigenio, tal y como existían poco después del Big Bang, basándose en informaciones obtenidas a partir de observaciones del fondo cósmico de microondas. Esta radiación del fondo cósmico, mayoritariamente uniforme (es un débil halo de ondas de radio esparcidas por todo el firmamento), contiene variaciones sutiles que reflejan los comienzos de toda estructura primordial en el universo.
Turk, Abel y O'Shea ejecutaron cinco simulaciones de una parcela del universo. Cada una de ellas tardó en terminar de ejecutarse cerca de tres semanas, pese al uso de 64 procesadores. Las simulaciones se concentraron en las primeras estrellas: soles masivos, calientes, que se cree que se formaron unos pocos cientos de millones de años después del Big Bang.
A medida que los investigadores vieron evolucionar su universo simulado, olas de gas y de materia oscura se arremolinaron a través del denso y caliente universo. A medida que el universo se enfrió, la gravedad comenzó a atraer la materia, formando acumulaciones de ésta. Las estrellas comenzaron a formarse en las áreas ricas en materia. Durante una de las cinco simulaciones, en una nube de polvo y materia oscura se formaron dos estrellas en un sistema binario, una cuya masa equivalía a unas 10 veces la de nuestro Sol, y otra de aproximadamente 6,3 masas solares. Ambas estrellas se mantuvieron creciendo hasta el final de los cálculos y probablemente habrían seguido creciendo hasta alcanzar masas mayores.
Estos resultados abren un nuevo campo de posibilidades de investigación. Estas estrellas primigenias podrían haber evolucionado hasta convertirse en dos agujeros negros, los cuales habrían creado ondas gravitacionales detectables hoy en día mediante tecnología existente o inminente. O bien sólo una de las estrellas habría evolucionado hasta el estado de agujero negro, una situación en la que se crearían en el vecindario del agujero negro fogonazos de rayos gamma también detectables con nuestro actual nivel tecnológico.


