El adios de un grande: Acaba de jubilarse Stephen Hawking
No en vano a Hawking se le dice “maestro del tiempo y el espacio”. Una mente como la suya, confinada en un cuerpo que sufre esclerosis lateral múltiple, ELM, –se comunica mediante un láser que guía con los ojos, una maravilla tecnológica que ridiculiza al celular más avanzado- no puede jubilarse, claro. Seguirá trabajando en el mismo ámbito que la universidad le asigna.
Pero el científico ya puso en el ridículo, hace treinta años, a los médicos que le habían diagnosticado una temprana muerte. No podía aceptar que ese mal le impidiera desarrollar sus teorías ni transmitirlas –como fuese- al mundo. De paso, funcionó como “cobayo” decisivo en el progreso de terapias para ELM.
También sigue generando debates. Semanas atrás puso incómodos a los científicos que operan en Ginebra el superacelerador de partículas en órbita del Consejo europeo para investigaciones nucleares (CEIN). Les manifestó que, en ese laboratorio, no descubrirán la “partícula divina”, o sea la clave de la explosión primigenia. En cuanto a él mismo, su meta es alcanzar una teoría unificadora, y simple, de las cuatro fuerzas cósmicas básicas.


