El turismo espacial sigue sin despegar, a 5 años del 1er vuelo
"Este iba a ser el momento cumbre de mi vejez", señaló.
Han pasado cinco años desde que la SpaceShipOne, la primera nave espacial tripulada con financiación privada, ganó el premio Ansari X, el 4 de octubre del 2004, al demostrar que un cohete reutilizable con pasajeros podía volar a más de 100 kilómetros de altura (62 millas), una vez por semana, por lo que su uso con fines turísticos sería fiable, seguro y viable en lo comercial.
El entusiasmo por la SpaceShipOne fue tanto ese año que incluso antes del vuelo que ganó el premio, Richard Branson un magnate británico, anunció un acuerdo para usar la tecnología en un diseño de segunda generación, SpaceShipTwo, con el objetivo de llevar a pasajeros al espacio en vuelos bajo la denominación comercial Virgin Galactic para el 2007.
Parecía que cualquiera con el dinero suficiente podría experimentar pronto lo que Brian Binnie, piloto de la SpaceShipOne, consideró "literalmente el éxtasis".
"Cuando uno apaga el motor, el mundo se revela ante tus ojos", señaló. Los pasajeros podrían ver el planeta desde una gran altura y experimentarían la sensación de ingravidez.
Pero convertir ese sueño en realidad ha llevado más tiempo del que se esperaba entonces, y los vuelos espaciales siguen siendo exclusivos para astronautas entrenados por el gobierno y para un puñado de magnates que han pagado millones de dólares por viajes a bordo de cohetes rusos a la Estación Espacial Internacional.
Pese a todo, Peter Diamandis, fundador de X Prize, niega que el proyecto esté estancado.
Se han invertido más de 1.000 millones de dólares en la industria, se han sorteado obstáculos de regulación e incluso tres naves distintas de pasajeros estarán listas en un plazo de entre 18 y 24 meses, para comenzar los vuelos, aseguró.
"Tendremos otra gran emoción que llamará la atención del público una vez que estos vehículos comiencen a operar y que la gente empiece a volar", dijo.


